En mi bosque

Sentí q era una con la Tierra, q m fundía con ella en un abrazo etéreo, su humedad q inundaba el alma pues sus embriegadores olores de esencias de pino y romero eran la respiración de Gaia ansiando al dios Urano. La pareja que se añora durante toda la eternidad, atrayéndose el uno al otro con su belleza y voluntad mística expresado en símbolos. En aquel día el cielo nublado con la Luna menguando, al noche triste, volví a llamarte. Los árboles eran sombras dormitando, ensoñando y por ello creando el paraíso, el Eden, Shambala.
 
 
A veces contemplando el entretejido de la vida, a las plantas en sinfonía con la brisa y los rayos de la tenue luz, pueden discernirse hilvanados refulgentes por la humedad temprana, el rocío después de la haberse llevado Hipnos en su abrazo a las criaturas entregadas al sol, la oscuridad las vence en un suspiro, modelando ese rocio durante la muerte del día.
Esas hebras son la tela de Aracne que armoniza todos los seres vivos, q les permite ser Uno cuando únicamente la Luna brilla
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