Horacio: Carpe diem

 

Hará cerca de dos meses asistí a una conferencia sobre el mundo grecolatino, una de mis culturas preferidas pese al poco peso que tiene hoy en día, pues a penas a nadie le interesa la historia ya pasada. Como bien decía el conferenciante el mundo clásico no es un mundo muerto, hay que reflexionar sobre el pasado, el legado que nos ha dejado del que se puede aprender bastante pese lo aparente. Aconsejo por ello el libro: La ecología en las antiguas civilizaciones de Donald J. Hughes, cuyo fin es conocer los errores y progresos en el cuidado de la tierra de estas civilizaciones ya devoradas por el tiempo, demostrando incluso que la caída de muchas de éstas fue por la desidia, con los campos yermos, siendo la única salvación pese que parezca increíble las ordenes de los sacerdotes y profetas, los únicos escuchados prohibiendo el ganado porcino en lugares con tendencia a la desertización por la falta de agua.

La conferencia estaba centrada en la figura de Horacio, autor para mí se puede decir que hasta entonces desconocido, que se barajaba entre el epicureismo y el estoicismo, escuelas muy anteriores a él. Es conocido por muchos únicamente por su frase bastante corrompida hoy en día, CARPE DIEM, que como su etimología dice, hay que cultivar sacar frutos del día a día.

El pensamiento filosófico clásico siempre se ha expresado bajo un lenguaje literario, por ejemplo los autores presocráticos empleaban el verso o la prosa en verso (una vez leí de varios por Internet y tenía un montón de ideas comunes con varios de ellos, hay que ver pienso como gente de antes del s V a.C. escribo como ellos). Con ello pretendían dar al pensamiento una forma bella, fácil de memorizar. Platón fue el primero en expresar en prosa sus pensamientos filosóficos así como los de su maestro Sócrates. Actualmente se sigue una línea muy distinta con el ensayo plúmbeo, difícil de asimilar que hace al menos en mi caso difícil leer libros recientes de filosofía. Para el conferenciante destaca la luminosidad de la prosa de Platón, el cual con sus diálogos crea en mucha gente un interés enorme que ha permitido que perdurara su lectura hasta tiempos modernos, así como un conocimiento de sus ideas más asequible. También empleo como medio la carta (mitad de una interlocución) prosa sin interrupciones, conservando su teatralidad a la hora de expresar pensamientos.

La poesía de Lucrecio mucho más posterior en la historia este pensador, el cual retorna con el uso de hexámetros como los presocráticos. Siendo Cicerón el que más tarde compondrá en prosa, como diálogos, continuando de este modo con el modelo platónico. Casi todos los autores itálicos escriben bajo el influjo de los pensadores griegos, siendo esto debido a que esta disciplina de poca utilidad material era de poco interés para los romanos, mucho más pragmáticos que sus antecesores, sin renovar apenas en ideas. Las formas más genuinamente romanas son las máxima y consejos de la Dística catolis (Catón), que consiste en una serie de sentencias sobre la moral y la conducta del ciudadano, persistiendo incluso un reflejo en la Edad Media. Son escritos en forma de dísticos, en hexámetros como muchos refranes de hoy en día (son al fin y al cabo la base de nuestro refranero. Se obligaba a los estudiantes en las escuelas a aprenderlos de memoria, dejando de este modo una huella en la sabiduría popular.

La filosofía en sus inicios se empleaba para explicar el mundo que rodeaba al hombre, su fenemología, cosmogonías, la física de la naturaleza. Después se emula, se dirige al interior del hombre, como hizo Sócrates claramente, surgiendo de esta manera la ética: relaciones del hombre con la sociedad y la trascendencia de éste (metafísica, religión).. Los griegos persiguen en resumen llegar a la Verdad, inquiriéndola y discutiendo cuál es esa realidad que se nos encubre. Los romanos en cambio dan una moral, normas de conducta, como obrar correctamente, siendo en el mundo romano reflexiones dirigidas al individuo, en nada relacionado con la naturaleza de las cosas. Como ya he mencionado el pensamiento romano es pragmático y nada especulativo como el griego.

Los romanos desconocían la felicidad abstracta, convirtiéndose más en un sustantivo en lugar de un adjetivo. Félix=fértil=felicidad, ser fértil para los demás y para uno mismo.

Horació vivió cuando el emperador del imperio era Augusto, en el s I a.C., justo al final de la más duradera de las repúblicas de la historia, la romana. Influyo mucho en él la situación política, preocupado por el nuevo régimen que se consolidaba con el que terminó estando de acuerdo, debido a que favorecía sus propios intereses. Fue un filósofo que no siguió ninguna corriente en concreto, cambiando como su mismo entorno lo hacía. Fue un combatiente en la batalla de Plate, formando parte del bando de los perdedores, con lo que se siente un hombre, un poeta perdedor durante sus inicios, entrando en contacto con las clases virtuosas de la época. Se observa una letra satírica con frases como “perdí el escudo pero salve la vida” (Arquíloco de Horacio) en referencia a como salvo la vida. Es su poesía como la de todo humano que se siente perdedor o incomprendido, cínica, corrosiva, vidriosa, implacable. Al ser su forma de expresarse única para los romanos, es animado incluso por el emperador para que escriba épica, poemas que favorezcan al nuevo régimen a los ojos de los ciudadanos aún desconfiados. Al principio reniega pero al cambiar en él su forma de ver lo que le envuelve, se convierte en un epicúreo en su vida privada y estoico en la público (gran número de sabios son muy contradictorios). Pasa a ser un poeta laureado gracias a Augusto, cantando glorias al principado y olvidando más la causa republicana, siendo de cada vez más estoico. Es un hombre de extraordinaria formación cultural tanto griega como romana, su historia, siendo por ello un reconocido erudito. Sigue a varios modelos tales como Arquíloco y Lucilio, buscando ser pragmático, dirigirse al interior del individuo, como ser social. Trata temas de lo más variados recorriendo algunos tales como la muerte, lo oculto, lo vulgar, lo festivo, la soledad, la felicidad. Una máxima suya conocida: “La pálida muerte oprime por igual las chozas de los pobres y los palacios de los ricos” o “Acuérdate de conservar la serenidad en las peores circunstancias…”. Tiene unas reflexiones ricas y acabadas como las de cualquier genuino filósofo, pasando por la sabiduría popular, el cinismo, el epicurismo y estoicismo.

Finalmente el conferenciante analizó la máxima Carpe diem, recitando la oda breve de ocho versos compuesta por el pensador con versos tales como: Goza del día y no jures y no jures que otro igual habrá después o “No trates de averiguar el futuro, vale más sufrir lo que haya de ser”. Carpe diem lo extrajo del griego, de una oda epicúrea, frase que quiere ser una metáfora del cosechar, recoger frutos de lo que vas plantando a lo largo del día, sin olvidar el conócete a ti mismo del oráculo de Delfos. Para Horacio el placer se logra a través de la sabiduría, del conocimiento, disfrutar del aprender, placer espiritual, disfrutar del día entero a nivel intelectual.

 

Sus máximas a mencionar:

”He levantado un monumento más indestructible que el bronce: la palabra”

“Aurea mediocritas: celebra la virtud del saber estar siempre en medio, en equilibrio, en la balanza, pasar desapercibido.” En pocas palabras, no ser extravagante.

Oda contra la sed de riquezas propia de las ideas estoicas, la constancia como virtud. Es para él la poesía el camino más seguro para alcanzar la inmortalidad, la cual obtuvo visiblemente, conservándose su poesía íntegramente pese su 2000 años y evocándose generación tras generación.

 

 

 

 

 

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Una respuesta a Horacio: Carpe diem

  1. Alonso Quesada dijo:

    Siempre que se habla de moderación, de aguante, se atribuye al estoicismo. Horacio no es estoico ni en los días de fiesta. Utiliza los libros filosóficos, como el mismo aconseja en su Ars poetica, pero es Aristóteles el que está detrás de su dorada medianía Aurea Mediocritas, y es Epicuro, sobre todo Epicuro, el que le inspira el disfrute del momento, de las pequeñas cosas que trae la vida sin que nos demos cuenta. Asociar Estoicismo a Horacio, creo modestamente que es un error garrafal. Es como creer que la única filosofía de la antiguedad es la de la escuela estoica. Supongo que el error procede de que el estoicismo fue muy tenido en cuenta por el cristianismo posterior. No se olvide que hasta al estoico Séneca se le atribuía rasgos cristianos en sus pensamientos. Cuando es al revés: al cristianismo es al que se le descubren señas de identidad tipicamente estoica.
    Felicito, no obstante, a Helena Mazigh, desde ya el 2011 por su artículo de 2006. Porque abre una reflexión al respecto.

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