Walt Whitman

 

Extracto de Canto a mí mismo de Walt Whitman (EEUU, 1819-1892), para mí uno de los mejores poetas capaz de cantar a la Naturaleza y al ser humano como nadie, tanto al microcosmos como macrocasmos. Este autor que descubrí a través de la revista El mundo de Sofia, en la que con una estupenda crítica aproxima a otra época, pudiéndose conocer a un poeta que rompe con la poesía tradicional, mostrando otro modo de ver el mundo, con una mirada poética y sin desprecio y melancolia por nada que pise la Tierra.

Frase suya:

Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano.

21

Soy el poeta del cuerpo y soy el poeta del alma,
Sé de goces de cielo y de horrores de infierno,
Injerto los primeros a mi ser, los aumento, y dejo los segundos para decirlos en un idioma nuevo.
Soy el poeta de la mujer no menos que del hombre,
Y digo que es tan noble ser mujer como hombre,
Que no hay nada más noble que ser la madre de los hombres.
Canto a la exaltación o a la soberbia,
Bastante hemos rogado, bajando la cabeza,
Y afirmo que el tamaño no es más que desarrollo.
¿Has superado al resto? ¿Llegaste a presidente?
Es una nimiedad, cualquiera podrá alcanzarte y luego ascender más arriba.
Yo soy el que navega a través de la noche,
Llamo a la tierra, al mar, envueltos por las sombras.
Estréchame en tus brazos, noche de pecho desnudo,
Estréchame en tus brazos, noche magnética y fecunda,
Noche de los vientos del Sur, noche de grandes estrellas solitarias,
Noche callada y somnolienta, loca y desnuda noche de verano.
Sonríe, tierra voluptuosa de alientos de frescura,
Tierra de árboles umbríos y dormidos,
Tierra de crepúsculos muertos, tierra de cumbres perdidas en la bruma,
Tierra de fluir cristalino cuando la luna llena te ilumina de azul.
Tierra de luz y sombra que jaspean la corriente del río,
Tierra de limpio gris y de nubes a mis ojos brillantes,
Tierra yacente y ancha, tierra rica de manzanos en flor,
Sonríe, porque llega tu amante.
Pródiga, me has brindado tu amor, te doy por ello el mío,
Mi inefable amor apasionado.

22

Y tú, mar… También a ti me entrego. Adivino lo que quieres decirme,
Desde la playa veo tus dedos que me invitan,
Y pienso que no quieres marcharte sin haberme besado.
Debemos estar un rato juntos: me desnudo y me llevas muy lejos de la costa,
Arrúllame y durmiendo al vaivén de tus olas,
Salpícame de espuma enamorada, que yo sabré pagarte.
Mar violento, tenaz y embravecido,
Mar de respiros profundos y revueltos,
Mar de la sal de la vida, de sepulcros dispuestos aunque no estén cavados,
Rugiente mar que, a capricho, generas tempestades o calmas,
También soy como tú: con uno y muchos rostros
Partícipe del flujo y del reflujo, cantor soy de los odios y de la dulce paz,
Cantor de los amantes que duermen abrazados
También doy testimonio del amor a mis prójimos:
¿Haré sólo inventario de todos mis objetos olvidando la casa que los tiene y cobija?
No soy sólo el poeta de la bondad, acepto también serlo de lo inicuo y lo malvado,
¿Qué son esos discursos que nos cuentan de vicios y virtudes?
El mal me sugestiona, y lo mismo la reforma del mal, mas sigo imperturbable.
¿Soy un inquisidor, un hombre que desprecia cuanto encuentra a su paso?
No soy más que aquel hombre que riega las raíces de todo lo que crece.
¿Te temes que la terca preñez sólo engendre tumores?
¿Pensabas que las leyes que rigen a los astros admiten ser cambiadas?
Encuentro el equilibrio en un lado lo mismo que en su opuesto.
Las doctrinas flexibles nos ayudan lo mismo que ayudan las más firmes,
Las ideas y acciones del presente nos despiertan y mueven,
Ningún tiempo es más bueno para mí que este ahora que me viene a lo largo de millones de siglos.
 

No hay nada de asombroso en las acciones buenas de antes o de ahora,
Lo asombroso es que siempre existan los malvados o los hombres sin fe.

24

Soy Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan,
Tormentoso, carnal y sensitivo: como, bebo y engendro.
No soy sentimental ni miro desde arriba a hombres ni a mujeres de los que no me aparto,
No soy más orgulloso que humilde.
Despojad las puertas de cerrojos,
Sacad las puertas mismas de sus goznes:
Me humilla quien humilla a los otros,
Y nada se hace o dice que no recaiga en mí
Surge a través de mí la voluntad que crea corrientes y señales,
Yo digo la palabra primera, el santo y seña de la democracia,
Y juro que nada aceptaré si otros no pueden tener lo mismo en iguales condiciones.
Surgen de mí voces acalladas desde hace largo tiempo:
Voces de las interminables generaciones de cautivos y esclavos,
Voces de enfermos desahuciados, de ladrones y enanos,
Voces de los ciclos de gestación y de crecimiento,
Voces de los lazos que unen a los astros, de úteros y de semilla paternal,
Y de los derechos de aquellos a los que oprimen,
De los deformes, vulgares, simples, necios, despreciados,
De la niebla en el aire y del escarabajo que arrastra su bola de inmundicia.

[…]

La madreselva que crece en mi ventana me entusiasma más que todos los libros de metafísica juntos.
¡Y el amanecer!
La tenua luz consigue que se esfumen las más espesas sombras,
El aire es un hermoso sabor en mi garganta.
Del mundo que se mueve rezuman frescas masas que se cruzan oblicuas saltando en el silencio,
Los grávidos objetos se deslizan errantes hacia arriba y hacia abajo.
Algo invisible eriza libidinosos dardos,
Y mares de brillantes zumos inundan la bóveda celeste.
Tierra y cielo se unen, y de la íntima conjunción cotidiana,
Me llega del oriente el burlón desafío:
Atrévete, si puedes, a dominarlo todo.

25

El aurora tremenda y deslumbrante me mataría en seguida,
Si no pudiera yo, ahora y siempre, conseguir que el sol salga desde mí.
También nosotros, alma mía, ascendemos, temendos, deslumbrantes como el sol,
Hemos hallado nuestro ser más profundo en la frescura quieta de la aurora.
Mi voz persigue aquello que mis ojos no alcanzan,
Y mi lengua circunda con su hablar muchos mundos conjuntos de mundos.
Mi hablar, que es hermano gemelo de mi vista, y no puede medirse,
Me dice con sarcasmo, provocándome siempre:
"Walt, si albergas tantas cosas, ¿por qué no las expresas?"
No me atormentes, calla, ya sé que sabes mucho de articular sonidos,
Pero, ¿sabes, acaso, que los brotes se pliegan dormidos bajo el suelo.
Que aguardan en la sombra cubiertos por la escarcha,
Que el cieno retrocede ante mi voz profética?
Yo, que soy fundamento de todos los motivos, los equilibro al fin.
Mi saber, que es la parte más viva de mí mismo, comulga con el gozo -significado de todo lo existente-,
(Hombres y mujeres que me oís, salid pronto a buscarlo).
Me niego a demostrarte mis méritos más altos, me niego a confesarte quién soy en realidad,
Dedícate a abarcar mundos enteros y no trates de dar cuenta del mío,
Pues sólo con mirarte despierto lo mejor que hay en ti, lo más pulido.
No me ponen a prueba escritos y debates,
La prueba decisiva la llevo yo en mi rostro,
Y solo con silencios anonado al escéptico.

 

Salud!

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