El horror del petróleo

Un poema, del también novelista nigeriano, Ken Saro Wiwa, que fue condenado a muerte y ejecutado por el régimen de su país, en 1995:

Escucho el grito doliente de los Ogoni:
lloran a los pájaros que ya no cantan al alba;
escucho los cantos fúnebres por los árboles
cuyas ramas se marchitan a la luz de las llamas de gas,
cuyas raíces yacen en tumbas estériles.
Los arroyos rebosantes ya no gorgotean,
su cosecha flota sobre aguas envenenadas por derrames de petróleo.

¿Dónde están los antílopes, las ardillas, las sagradas tortugas,
los caracoles, los leones que recorrían esta tierra?
¿Dónde están los cangrejos, los caracoles marinos, los berberechos, las gambas,
y todos los que encontraban un santuario en los bancos de barro,
bajo las raíces protectoras de los mangles?

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