Granjas de aves: necesidad de un trato ético

No tengo historias de terror que contaros, me ceñiré a la pura y cruda realidad del avance humano indiscriminado, de la falta de ética en el desván escondido del sistema industrializado. Mi única intención es que antes de que comáis carne de cualquier animal penséis en su procedencia, si es que os despierta curiosidad si su vida ha sido un calvario, con torturas que nadie aguantaría ni un día sin antes volverse loco. Siempre existen otras opciones, existe el certificado ecológico que asegura unas condiciones dignas para el animal y más puestos de trabajo que no una industria con nulas condiciones sanitarias. Este texto que voy a exponer a continuación lo he extraído del libro L’Estat del món 2004 La societat de consum, informe llevado a cabo por Worldwatch institute sobre el estado del mundo actual, elaborado a partir de diversas fuentes que le dan bastante fiabilidad.

 

Pollos y gallinas

Estas aves pueden seguir dos caminos: O bien se crían para poner huevos (ponedoras) o bien como carne (pollo de engorde). Comienzan su viaje a lo largo de la cadena alimentaria industrial en las granjas de Tyson Foods, Perdur Chicken o bien alguna otra empresa agropecuaria. Allí, se mantienen los huevos calientes en el interior de unas incubadoras perfectamente controladas. Los granjeros aseguran la incubación más o menos simultánea inseminando artificialmente las gallinas. Una vez han salido del huevo, los polluelos destinados a ser ponedores entran en contacto, por primera vez, y frecuentemente única, con los seres humanos. Unos trabajadores separan los pollitos por sexos cuando tienen un día y lanzan a los machos en unos grandes contenedores. Estos desgraciados polluelos son triturados (a veces incluso vivos) para ser empleados como fertilizante o alimento de ganado.

Las hembras son colocadas en fila, donde se les va cortando el pico con un instrumento al rojo vivo, proceso bastante doloroso para el animal que implica que más adelante en muchas ocasiones sean incapaces de comer por el dolor, muriendo deshidratadas y con el sistema inmunitario deshecho. Al cabo de entre dieciocho y veinte semanas, las polluelas son trasladadas (junto con el pienso, los antibióticos y otros elementos) a las granjas contratadas interesadas. Las ponedoras son instaladas en unas naves de 20 por 110 metros (igual que los pollos de engorde), aproximadamente la mitad de un campo de fútbol americano. En cada nave se llegan a meter 90000 aves; considerando que el negocio de cría de éstas participa en la alta tecnología, un solo criador en general se hace cargo de toda una granja con poca ayuda más.

Estos criadores suelen ser los amos de los terrenos y en general asumen la mayor parte del riesgo económico, pero nunca son propietarios de las aves que crían. Del principio al final éstas son propiedad de la empresa. La granja cuesta aproximadamente 250.000 dólares y 200000 dólares más el equipo para mantenerla en funcionamiento; una vez entran las aves, el pienso y otros gastos –los costos de inicio en los países industrializados – suman como mínimo un millón de dólares.

Una vez dentro de la granja, se coloca cada ponedora en una jaula con batería y ocho ponedoras más. Estas aves pondrán aproximadamente 300 huevos al año -más del triple de hace un siglo-, gracias a la manipulación genética y los medicamentos que se mezclan con el pienso, que estimulan el crecimiento. También se consigue que las gallinas pongan más huevos si se las mantiene con luz artificial 24 horas al día. Las jaulas, colocadas una encima de la otra y cubiertas de excrementos que van depositándose, prácticamente no les permiten el mínimo movimiento. El  amoniaco contamina el aire y proliferan las infecciones y las enfermedades, como las que se producen en la piel al fijarse el líquido en las plumas. Por otro lado, se sobresaltan con facilidad porque casi no tienen ningún contacto con el ser humano. En general, las únicas aves que tocan los criadores son las que de un modo u otro han conseguido escapar de la jaula o han muerto a causa de tanta tensión.

No es extraño, que las aves que se mantienen en estas condiciones cojan más enfermedades y mueran antes de que el que las cría con sistemas tradicionales. En efecto, al cabo de un año o así, las gallinas están tan agotadas que baja su producción de huevos. Los granjeros suelen pasarlas después a las fábricas de pienso para gatos y perros, o bien para croquetas y albóndigas para consumo humano o incluso a industrias que envasan alimentación infantil. Sus huesos frágiles en el matadero se suelen romper, acabando muchas veces como ingrediente de sopas, caldos o productos cárnicos similares de bajo contenido en pollo, donde sus cuerpos pueden ir totalmente triturados para que el consumidor no detecte hematomas ni heridas. En determinados lugares se matan en la misma granja o se transportan a unos mercados especializados en animales vivos, donde se valora la carne de ave más hecha por su sabor más intenso.

Los pollos tienen todavía una vida más corta. Si bien no se les mantiene en jaulas individuales, normalmente se les cierra en cubiertas donde viven hacinados sin poder mover casi las patas ni las alas: cada pollo suele tener un espacio de 25 x 25 cm. No ven nunca la luz del Sol ni sienten el aire fresco, y sus días son larguísimos, ya que viven en estos espacios cubiertos sin ventanas, a veces iluminados artificialmente 23 horas al día.

Cada uno de estos pollos come cada día 0’86 kilogramos de pienso pensado especialmente para ellos, un preparado que muchas veces contiene antibióticos y estimuladores del crecimiento. Pese que ya de por sí los pollos son eficientes en al conversión de cereales en proteínas sus condiciones los hacen susceptibles de contraer enfermedades respiratorias. Por este motivo, los criadores desde hace muchos años incluyen en el pienso unos antibióticos muy parecidos a los que se utilizan para tratar las enfermedades humanas (un estudio realizado en el 2002 revelaba que el 37% de los pollos analizados en los principales almacenes  de alimentación estaban contaminados por elementos patógenos resistentes a los antibióticos). Estos pollos a veces ganan tanto peso en poco tiempo que llega un momento que ni se pueden aguantar en pie. Los pollos criados en granjas industriales suelen ser cojos y muchos mueren de un ataque al corazón porque no son suficientemente fuertes para mantener unos cuerpos tan desproporcionados.

Cuando pesan aproximadamente dos kilos, unos trabajadores especializados los acorralan, los enjaulan y los llevan al matadero. Allí, otros trabajadores los clasifican, los pesan y los marcan para distribuirlos por tiendas de alimentación y restaurantes. Los paquetes de muslos, pechuga y alas, envueltos en plástico, se parecen bien poco al animal que estuvo vivo. En algunos paquetes se avisa a los consumidores que cuezan totalmente la carne del pollo para evitar que, si está contaminada por excrementos, se transfieran enfermedades transmitidas por alimentos, como la colibacilosis y la salmonella*, corrientes en entorno de cría industrial.

*Inciso: La salmonella una infección muy corriente en verano es un microbio que se encuentra siempre en alimentos de origen animal. Es que en una ocasión escuché una conversación entre dos chicas que pensaban que el alimento contaminado era la verdura, más ingerida en la época veraniega, y me parece que se ha de tener claro que es por tomar cualquier alimento no vegetal en mal estado o aparentemente bien conservado, como huevos, leche, mantequilla o carne que han de consumirse siempre bien cocinados.

 

Igualmente no todos los criadores optan por la cría industrial. Según la FAO, en algunos de los países más pobres, la cría de aves en patios y al aire libre representa hasta el 70% de la producción de huevos y carne. Estos animales no solamente proporcionan alimento sino que a la vez constituyen una fuente de seguridad económica. Los pageses los utilizan como dice Robin Alders, de la FAO, como “una especie de tarjeta de crédito siempre al abasto para la venta o el intercambio en sociedades donde no abunda el dinero líquido. También tienen una gran importancia en el control de las plagas y como fertilizantes (sus excrementos que no ellos). Los proyectos que se están llevando a cabo en Bangladesh y Sudáfrica mejoran la salud de las aves, proporcionan ingresos a los miembros más pobres de la comunidad y conceden una oportunidad de supervivencia a las razas de aves autóctonas, que están ya adaptadas a el calor y las condiciones alimentarias de siempre.

Determinados productores para pollos y huevos de los países ricos también responden con nuevas alternativas a la demanda del consumidor de pollos criados ecológicamente y de manera humanizada. En West Wind Farms, la única explotación en el estado de Tennessee que cría aves con certificado ecológico se engrasan 600 pollos con pastura y cereales ecológicos cada año. Estos pollos corren por la hierba que hay alrededor de unos gallineros móviles que se van trasladando de campo en campo. Sus dueños hablan de ellos como el equipo de mejora del suelo, ya que fertilizan la tierra y controlan las plagas. La cría de pollos con este método –en lugar de las granjas industriales- supone beneficios para el entorno y resulta verdaderamente más agradable para estos animales.

 

Danielle Nierenberg

 

 Para ver imágenes os recomiendo la web siguiente: Fundación Altarriba

 

 

 

 

Para nada con este texto quiero decir que se deje de tomar alimentos cárnicos como el pollo, pero sí averiguar su procedencia, un proceso tan simple como leer su etiqueta, salvando a animales de una vida enclaustrada y a cada uno de perjuicios insalubres. Para saber del origen de los huevos encontré un artículo en el diario Bon dia Mallorca que lo explicaba bastante bien:

 

La Unión Europea obliga a los fabricantes a informar cobre el origen de las gallinas en la etiqueta de los huevos. Antes de las letras que identifican al país, en el código de barras del cartón de huevos, hay un número que indica el origen (ejemplo 0ES64, 1ES64). El ‘0’ identifica a las gallinas de vida libre, el ‘1’ a las camperas (que salen al exterior durante el día), el ‘2’ a las del suelo (que viven sobre el suelo de la nave) y el ‘3’ a las gallinas de jaula o de batería. No necesariamente los huevos de etiquetado 0 y 1 son más caros.

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Una respuesta a Granjas de aves: necesidad de un trato ético

  1. Isaac dijo:

    Bueno.. eso es lo que yo digo siempre a la gente que se mete con los toros..
    Que pasa con los pollos? tengo que hacer un post de esto..umm saludos

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