El nuevo feudalismo muestra sus garras

 
Elaine Tavares
En medio de todo el alboroto creado por el informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que dice que el planeta se está destruyendo debido a los apetitos de ganancia del capitalismo – nada más y nada menos lo que sabían, desde hace siglos, todos quienes luchan por el socialismo- las transnacionales siguen su camino de destrucción desmedida, apoyadas por gobiernos y las elites depredadoras. El interés central de estas ansias de poder es justamente la tierra, no el planeta como un todo sino el suelo, el subsuelo y sus riquezas energéticas. Hoy, en toda América Latina, la lucha de los pueblos originarios y de los campesinos sin-tierra es justamente para garantizar que la tierra sea preservada de la saña desarrollista del modelo capitalista de producción. Y, en este forcejeo, está claro que son los pueblos autóctonos y los sin-tierra, quienes sufren más duramente los efectos de este nuevo feudalismo que se expresa en el despojo, la cárcel, la tortura y la violencia.

No es de ahora que las luchas sociales son criminalizadas como formas ejemplarizadoras y definidas para escarmentar a la gente. Basta que un movimiento se exprese en las calles, en marchas o en actos políticos para que se haga presente la represión que cumple su trabajo de defender el orden. No el orden social – que sólo el hecho de que haya protestas y luchas demuestra que no existe – sino el que sirve a los poderosos, que defiende sus intereses y propiedades.

El año pasado fue pródigo en ejemplos de cómo los gobiernos tratan a las gentes que osan levantarse contra el agotamiento de las tierras a causa del monocultivo, contra el uso irracional de los recursos naturales, contra la explotación, por el derecho de vivir en sus lugares ancestrales y compartir con la Pachamama (la tierra), según los ritos de la armonía, de la racionalidad soñadora, del respeto. México, en este sentido, es paradigmático. En San Salvador de Atenco, la población se levantó porque los ricos querían desalojar a las familias que viven allí desde hace milenios, sólo para hacer un aeropuerto. Oaxaca resistió por meses y su gente enfrentó la muerte, la violencia y la cárcel, por defender la vida digna y la tierra compartida. En el fondo de toda esta represión está el acabar los ejidos (las tierras comunales), que son sagrados para los mexicanos. La tierra y su bendición… La tierra como morada sublime, la tierra como madre. Cuestión imposible de ser comprendida por los ejecutivos de las transnacionales, por las elites asesinas y por los gobiernos de alquiler.

En Brasil, la lucha librada por el Movimiento de los Trabajadores Sin Terra (MST), también tiene sus víctimas. En cada ocupación de tierras, en cada acción desesperada por el derecho a existir en un país de servidumbre, latifundio y de monocultivo, los campesinos enfrentan las balas y las cárceles. Muchos son los que han derramado su sangre para cambiar la cara retrasada de la estructura agraria brasileña y muchos son los que se pudren en las cárceles porque un día osaron enfrentarse al poder. Hoy, dos presos políticos del MST luchan para salir de ellas. Marcelo Buzato y Benedito Ismael Alves Cardoso están detenidos ilegalmente en cárceles del estado de São Paulo por el simple hecho de haber participado en movilizaciones y luchas por la tierra y una vida digna. La cuestión estructural que está atrás de toda esta violencia contra la gente es la misma que está presente en México: la riqueza de las tierras y del subsuelo. No bastan los latifundios y su explotación depredadora, quieren la exuberante biodiversidad, la energía y los medicamentos para tenerlos bajo su poder. No sin razón, el presidente Lula, haciendo coro con los dueños del mundo – sus patronos- dice que los indígenas y los ambientalistas son “una traba” para el desarrollo del país. Es porque esta gente está preocupada por la vida de todos, por el equilibrio de la naturaleza. No está al servicio de los tiburones.

Batallas cruentas también libran los Mapuches, en Chile y Argentina, en la defensa de su territorio ancestral, espacio sagrado de vida compartida, solidaria y comunal. Pero, para su mala suerte, este espacio tiene riquezas, y ellas no escapan a la rapiña del nuevo feudalismo mundial, ahora comandado por “hacendados” más modernos. Así, para garantizar que las tierras mapuches se queden en manos de las empresas extranjeras, las comunidades son sistemáticamente invadidas por la policía, y sus líderes son encarcelados. Los motivos que invocan son los más extravagantes. Van desde la acusación de robo de ganado hasta terrorismo. Claro, los gobiernos llaman terrorismo a la lucha que los mapuches llevan a cabo para defender la tierra que siempre ha sido suya. De tal manera que los actos criminales son cometidos por las fuerzas instituidas del orden.

Un caso que merece citarse es la comunidad de Temuicuicui, en Chile, que desde el 2002 ha sido atacada, violentada y ha sufrido abusos. Varios comuneros han muerto y otros tantos están en las cárceles. Todo porque quieren su tierra y luchan contra las papeleras y contra la política del gobierno chileno de comercializar las tierras que están ocupadas por los mapuches desde hace cientos de años.

Y así, los gobiernos y la mass media prostituida difunden imágenes de conflictos religiosos, de terrorismo, de subversión, de trifulcas, de bandolerismo, como se puede observar también en el caso de Palestina. Pero la cuestión que está detrás de toda esta mentira no es más que el ansia por apropiarse de la tierra, la rica tierra repleta de minerales, de petróleo, pero también de la tierra fértil. La diferencia es que el capital quiere la tierra para convertirla en vil mercancía, para esquilmarla causando más dolor a la Pachamama, provocando desastres. En cambio, los pueblos originarios quieren la tierra para reverenciarla, para respetarla en su condición de madre y hermana. Este es el gran dilema que estamos viviendo. ¿A cada uno de nosotros en el planeta le corresponde decidir de qué lado está!

(Traducción ALAI)

– Elaine Tavares es periodista brasileña del Observatorio Latinoamericano (OLA), un proyecto de observación y análisis de las luchas populares en América Latina.

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5 respuestas a El nuevo feudalismo muestra sus garras

  1. Buko dijo:

     Menos mal que se acabará todo pronto, muerte natural.

  2. Helena dijo:

    Sí, será un proceso totalmente natural que desaparezca nuestra especie, cual vil animal oportunista. El problema es que seguramente sobrevivan los que están más arriba, mientras los otros padecen sus lujos. como presas de arpias.

  3. josé miguel dijo:

      Tarde o temprano llegará nuestro fin, pues como muy bien define una profecia de los indios norteamericanos cherokee:
    Después de que el último río sea contaminado.
    Después de que el último pez haya sido pescado.
    Después de que el último árbol haya sido talado.
    Sólo entonces, el hombre blanco descubrirá de que el dinero no se puede comer.
     
      No se puede luchar contra un enemigo que no tiene forma, pero al menos sabemos como se llama: Avaricia.

  4. David dijo:

    Se me ocurre dar una vuelta por el blog, y me encuentro con una nota sobre America Latina!!!! Que alegria!
    Espero que estes bien, estoy viendo como unirme con greenpeace (no olvide la promesa sobre ayudar a los perros mal tratados!)
    Con respecto a lo de los perros (espero que no hayas olvidado ese blog) creo que si nos unimos a la Sociedad Protectora de Animales, podemos aparte de denunciar, tomar medidas por nuestra cuenta (supongo) porque somos parte de la SPA.
    Un saludo, portate bien.

  5. Miri dijo:

    Los pueblos indígenas no dan dinero, sus tierras sí…
    Te recomiendo un libro. Se llama "Algo nuevo bajo el sol: historia medioambiental del siglo XX"
    En él, en el prólogo, dice algo como:
    En la naturaleza, los seres vivos tienen dos estrategias, la de la rata y la del tiburón (supongo que esta clasificación pretende hacer una analogía fácil de entender de las estrategias r y k de competencia, respectivamente). La rata es una especie que puede vivir en cualquier parte, aprovechar cualquier recurso y formar explosiones demográficas. El problema es que cuando entra en competencia con otra especie más "eficaz" en la utilización de un recurso muy abundante, esta última la desplaza, y la rata desaparece de ese lugar, pero no pasa nada porque encontrará otro. El tiburón es una especie muy específica. Sólo vive bajo determinadas condiciones y usa recursos muy específicos, pero es muy eficaz. Si esos recursos son abundantes, se convierte en el rey de los mares.
    Bueno, el caso es que el libro dice que la especie humana, como especie, sigue la estrategia de la rata. Vive en todas partes, incluso en los polos. Aprovecha cualquier tipo de recurso, y si nos quedáramos sin los recursos que empleamos ahora mismo se produciría un descenso demográfico bestial, pero como especie sobreviviríamos.
    Sin embargo, nuestro sistema social actual sigue la estrategia del tiburón. La economía crece y crece basándose en tres premisas:
    Recursos inagotables, energía inagotable y BARATA, y crecimiento demográfico indefinido. Nuestro desarrollo depente completamente de estos tres factores, y si cualquiera de ellos falta, el sistema fracasará.
     
    Por eso me hace gracia cuando la gente dice que primero va el desarrollo y luego proteger la Tierra, como si la Tierra necesitara quien la proteja. La Tierra llevaba miles de millones de años aquí antes de que apareciéramos, y todavía le quedan otros tantos. Si el ser humano desaparece mañana, dentro de 200.000 años (este es un dato exacto) en la Tierra no habría huella de nuestra existencia. Vale que nos cargaremos algunas especies, pero dentro de esos años es posible que incluso aunque nunca hubiéramos existido, la propia evolución se las habría cargado y habría otras. La Tierra continuará aun cuando no estemos… se supone que lo que intentamos nosotros es que el hombre siga pudiendo disfrutar de ella unos cuantos años más… por eso me hace gracia la gente que dice que primero el hombre y después la Tierra. La Tierra no depende del Hombre, pero el Hombre sí depende de la Tierra, a ver si se lo meten en la cabeza…
     
    Te dejo de nuevo en esta entrada una cita que ya sabes que me encanta:
     
    El hombre no posee la Tierra. Sólo forma parte de Ella. Lo que el Hombre le hace a la Tierra se lo hace a sí mismo.
     
    Un besito,
    Miri

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