El ritual del saludo

Libro: Queridos mallorquines

Autor: Guy de Forestier, psuedónimo de Carlos García-Delgado Segués, escritor catalán que lleva desde su infancia residiendo en Mallorca y en este libro recopila una serie de anécdotas sobre la forma de ser mallorquina que pese estarse perdiendo desde el boom turístico aún conserva cierta pureza. Igualmente, si antes lo raro era ver a un extranjero al que se le miraba como un ser extraño y se le clasificaba dentro de forastero, catalán o los ya asentados en la isla como los botifarres y xuetes (tomado del libro, antes ni sabía que se hicieran tales diferencias, con lo que se concluye que esos mallorquines por su aislamiento eran increíblemente clasistas y racistas, no nos engañemos), ahora lo difícil es ver un mallorquín. Somos la comunidad autónoma, incluyéndose tanto Ibiza como Menorca y está última en menor grado, con mayor número de gente foránea, algo que a mi modo de ver es tan positivo como negativo para algunos. Negativo está claro que es la superpoblación que supone en unas islas tan pequeñas, pese que desde mi punto de vista es más depredador aquel con un alto nivel de vida que no mira todo lo que consume y la huella ecológica que supone, que no aquel que viene huyendo de la pobreza y vive con diez personas mas dentro de un piso. Positivo pues que enriquece culturalmente, gestionándose eficazmente puede suponer una batalla ganada al racismo y nos hace eliminar prejuicios innecesarios pues al fin y al cabo todos los humanos en esencia somos iguales, y hemos de aprender a ser tolerantes con aquellos que no piensan como nosotros, pues sentir sienten igual y sufrir es el rasgo más común que puede exisitir como bien enseña la filosofía budista.

Aquí transcribo un capítulo casi completo del libro, aquel con el que me he sentido más identificada y me he reído más. Ya opinaréis:

El ritual del saludo es una de las costumbres que más sorprende a los forasteros en Mallorca. Es frecuente oírles decir: «Me encontré el otro día a fulanito, pero cuando le iba a saludar miró hacia otro lado, como si no me hubiera visto.» Y algunos añaden: «Pero yo creo que me vio.» Esto no es siempre así, pero si le ocurre alguna vez, sepa que no debe extrañarse ni molestarse; se trata simplemente de un código que necesita conocer. El saludo, aunque parezca algo elemental, implica en Mallorca varias cuestiones:

La autoestima. El mallorquín no es en absoluto soberbio, pero tiene orgullo. El saludo es considerado como una forma de reconocimiento social, y no recibir respuesta a un saludo significa una afrenta al honor personal (<<m’ha fet unfeo») que trata de evitarse a toda costa.

2.º

La precaución. La posibilidad de ser víctima de un feo crea desconfianza, y lleva a adoptar medidas de prevención: si alguien no está absolutamente seguro de que va a ser correspondido lleva a cabo, como mera precaución, un esquive o regate que deja a menudo al otro con la palabra en la boca, sobre todo si se trata de un forastero que desconoce las normas.

3.º

La comodidad. El saludo implica a menudo tener que detenerse a conversar (<< ¿Com està el teu marit? », etc.). Como el mallorquín no es aficionado a airear sus intimidades, con frecuencia este diálogo se convierte en un diálogo de sordos (<<jo li vaig dir no sé que i ell no sé que me va dir»), por lo que lo más cómodo es eludido.

La cuestión es la siguiente: ¿Cómo puede usted evitar quedarse con la palabra en la boca y ser víctima de un feo? No se preocupe; está todo previsto. La aparente complejidad del saludo que aquí se practica va también dirigida a obtener las garantías suficientes de que, aun en caso de ser víctima de un feo, su imagen personal no sufra deterioro. La manera más segura de evitar que le hagan un «feo» es sin duda adelantándose, es decir, esquivando antes de que le esquiven a usted. Pero si, por el contrario, decide usted iniciar la acción del saludo, tome buena nota de las etapas correctas de un saludo mallorquín; no se quedará jamás con la palabra en la boca, y comprenderá por qué sólo les ocurre eso a los forasteros.

Etapa primera (avistamiento):

Usted está circulando por una calle cuando avista a un amigo o conocido al que podría -tal vez, quizás- saludar o del que podría -quizás, acaso- recibir un saludo. Permanezca usted atento (con el rabillo del ojo y sin que se le note) al menor movimiento de su oponente que pudiera interpretarse como una intención o esbozo de saludo, al tiempo que usted, a su vez, define sus intenciones respecto a: primero, si desea o no iniciar por su cuenta el saludo, y, segundo, si está dispuesto, en caso de que sea el otro el que lo inicie, a responder al gesto de su oponente. En caso negativo (decide usted no saludar), continúe andando -vista al frente- como si estuviera muy concentrado en sus pensamientos. En caso afirmativo (está usted dispuesto a iniciar el saludo, o, en su caso, a contestarlo), pase a la etapa segunda.

Etapa segunda (mirada):

Mire usted con disimulo a su oponente, esperando obtener igual respuesta. Llegado este punto, pueden darse dos casos:

a) El otro no le mira. Puede deberse a dos causas: o no le ha visto, o está practicando el esquive (es decir, le ha visto y ya le está esquivando). En este caso, y sea cual sea la causa, enfoque usted su mirada inmediatamente al infinito, como si estuviera mirando un punto muy lejano, y continúe su camino; b) Si su contrario contesta a su mirada, no se confíe, pueden darse a su vez tres subcasos. Primero, que, aunque no se lo parezca, no le ha visto. Segundo, le ha visto pero no tiene intención de saludarle (le está mirando, pero acabará por esquivarle). Tercero, le ha visto y piensa saludarle.

Etapa tercera (cejas): Sin dejar de mirar a su oponente, arquee las cejas abriendo bien los ojos y espere idéntica respuesta. ¿Que no la obtiene? Dé el saludo por abortado y trate de dirigir su mirada hacia el cielo, como si sus cejas se hubieran levantado para observar el estado del tiempo o las evoluciones de una bandada de estorninos. Y no se preocupe, probablemente nadie sabrá que estaba usted intentando saludar, de modo que su imagen quedará a salvo. ¿Que su conocido le contesta arqueando las cejas? Es buena señal; puede tener fundadas sospechas de que piensa contestar definitivamente a su saludo, pero aun así, no se fíe todavía (no olvide que un esquive es tanto más ofensivo cuanto más adelantado está el proceso del saludo), y bajo ningún concepto se le ocurra todavía pronunciar una palabra o iniciar un gesto con la mano. Asegúrese una vez más de que va a obtener respuesta. ¿Cómo?:

Etapa cuarta (barbilla):

Sin dejar de mirar a su adversario y manteniendo las cejas arqueadas, adelante ligeramente la barbilla y espere idéntica respuesta. Si no la recibe, mire distraídamente la fachada de algún edificio próximo. Si la recibe, arriésguese y pase a la

Etapa quinta y definitiva (<<¡uep!»).

Equivale al salto mortal en el vacío: Es muy frecuente que ninguno de los dos saludantes llegue a dar el último paso, el saludo verbal, ya que se trata del momento de mayor riesgo. En tal caso, el saludo se queda en «avistamiento-mirada-cejas-barbi!la»; pero si quiere usted arriesgarse, puede esbozar una leve sonrisa, o, si es más osado, emitir la mínima expresión del saludo oral, ideado especialmente para estas ocasiones: se trata del monosílabo uep, que, pronunciado muy rápidamente, puede convertirse en un sonido breve y ambiguo que podría, en caso de necesidad, confundirse con un carraspeo, puesto que todavía, en el último momento, puede usted ser víctima del squiving más infame. Pero si fuera así, no se preocupe; no es usted el primero ni será el último y, al fin y al cabo, ha cumplido con una norma social generalmente aceptada en Europa.

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