Biocombustibles, la nueva falacia

Biocarburantes: una amenaza disfrazada de verde.

Por: Ecologistas en Acción

Tom Kucharz
Ecologistas en Acción
“soy el sur
soy el blanco del megaproyecto
de la muerte
soy candidato a una bala
disidente
yo soy aquel que no se entrega
ni se vende”
(“soy el sur” del disco “Bitácora de vuelo” del Grupo Pasajeros, 2007)

En medio del debate mundial sobre las enormes consecuencias del Cambio Climático y la crisis
energética –con los precios del barril de petróleo en alza constante y una dependencia total de
la Unión Europea de las importaciones de gas y petróleo- no pasa ni un día sin que se nos
venda los mal llamados biocarburantes como “solución ecológica al calentamiento global” o
“alternativa para los agricultores”. Toda una arquitectura institucional pública, política,
económica, financiera y mediática se ha puesto al servicio de la promoción y producción de los
biocarburantes. Y las grandes inversiones de empresas transnacionales –desde el sector
automovilístico hasta el sector hidrocarburífero pasando por la biotecnología, las constructoras,
los productores de agro-químicos y el agro-negocio- suponen una nueva profundización de un
modelo agro-industrial totalmente insostenible, injusto y peligroso.
En la Unión Europa (UE), Estados Unidos, Brasil, Colombia, gran parte de Asia y otros lugares
se están invirtiendo millones de euros en megaproyectos de plantación de monocultivos y la
transformación de soja y palma aceitera, así como de caña de azúcar, maíz y cereales para
producir biodiesel y bioethanol respectivamente. La Unión Europea ha adoptado una directiva
que promueve el uso de estos carburantes. Esta Biofuels Directive urge a los Estados
miembros para que adopten una legislación con objetivos fijados de una proporción mínima de
agro-carburantes en el mercado energético para el transporte motorizado. Estos objetivos han
sido del 2% en 2005 y el 5.75% en 2010 (y se prevé un 10% para el 2020). Esto convierte a
la UE en referente político mundial. Lo que no se dice es que estos objetivos serán
responsables de una destrucción de los últimos bosques primitivos y de hábitats en el Sur
global. Apostar por esta fuente de energía equivale al incremento de nuestra deuda ecológica y
nos hace (co)responsable de graves violaciones de los Derechos Humanos en países como
Colombia o Indonesia, como desplazamientos masivos de la población rural, amenazas,
asesinatos, envenenamiento por agro-químicos, etc., poniendo además en riesgo el Derecho a
la alimentación de millones de personas.
“Biocarburante” es la nueva palabra mágica en el debate climatológico. Se considera a los
agro-carburantes como una alternativa a los carburantes fósiles y se generan expectativas
sobre vehículos motorizados más respetuosos con el medio ambiente y el clima, abriendo la
puerta a “poder conducir sin límites con la conciencia tranquila” porque se haya “repostado
verde”. Se nos dice que esos carburantes reducirán las emisiones de efecto invernadero
procedentes del transporte, que en España representan cerca del 30% de las emisiones
totales, cifra que se elevará hasta el 40% en 2010.
Ante todo esta situación más de 200 organizaciones sociales de todo el mundo han firmado
una Carta Abierta (ver en: http://www.biofuelwatch.org.uk/2007Jan31-openletterbiofuels.pdf)
solicitando a la Unión Europea que renuncie a la adopción de objetivos de utilización de los
biocarburantes, debido a la grave amenaza que suponen no solo para el clima y los bosques
tropicales sino para la seguridad alimentaria, el derecho a la tierra, los derechos humanos y la
biodiversidad. En México la reciente subida del precio de alimentos básicos para la población
más pobre, debido a la producción de etanol en EEUU, ha provocado gran malestar social. Las
reservas mundiales de grano han descendido a su nivel más bajo en más de veinte años. El
aumento del precio de los alimentos y la atribución de tierras agrícolas para la producción de
2
cultivos energéticos en detrimento de la producción alimentaria pone en peligro el compromiso
de la Unión Europea con los Objetivos del Milenio.
En la Cumbre de la UE del 8 y 9 de marzo, los 27 Jefes de Estado de los países europeos
decidirán su respaldo a una propuesta de objetivos obligatorios muy altos para biocarburantes.
Los fabricantes de coches están presionando para la adopción de unos objetivos muy elevados,
esperando así evitar que se aprueben normas de eficiencia de los vehículos y limitaciones de
velocidad –elementos prioritarios para mitigar el cambio climático. La industria biotecnológica
y de los transgénicos también presionan a favor de estos objetivos, esperando crear con ello
un inmenso mercado para los cultivos genéticamente modificados
Un abanico de organizaciones, redes y movimientos sociales así como diversos expertos
cuestionan el balance energético positivo y el ahorro de emisiones de carbono de los
biocarburantesi. Un creciente número de informes sobre el ciclo de producción completo indica
que es mínimo -o incluso negativo- el ahorro de emisiones de carbono. Se señala además que
la UE no tiene capacidad agrícola suficiente para producir la materia prima necesaria para
satisfacer la demanda de biocarburantes asociada a un objetivo europeo del 10% (o 12%) y se
propone importarla de países tropicales donde su producción está destruyendo bosques
tropicales, turberas y otros ecosistemas. Las propuestas presentadas a la Cumbre Europea no
reducirán las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que amenazan con acelerar el
calentamiento global, incrementando la destrucción de bosques tropicales cruciales para la
regulación del clima mundial. Los planes de biocarburantes de Indonesia, vinculados muy
directamente con la política europea, prevén multiplicar por 43 la producción de aceite de
palma (ver informe en: http://tinyurl.com/33lb7r), destruyendo 20 millones de hectáreas de
bosques tropicales. La UE pretende a favorecer esta expansión que implicaría la liberación de
hasta 50 billones de toneladas de carbono. Esta cantidad equivale a más de seis años de
quema de combustibles fósiles y podría provocar un calentamiento de más de 2º C, superando
el límite que la UE se ha comprometido a no sobrepasar.
Entre los rechazos a los biocarburantes figura también la destrucción de habitats y la
agricultura intensiva figuran entre las causas de mayor pérdida de biodiversidad en el mundo,
y es probable que las propuestas de biocarburantes europeas provoquen una dramática
reducción de la biodiversidad no sólo en el entorno europeo sino en países del Sur, haciendo
imposible el cumplimiento del objetivo de la UE de terminar con la pérdida de biodiversidad
para 2010.
La apuesta de los grandes países exportadores de granos
Según el Foro de Resistencia a los Agronegocios en América Latina, y en especial en los países
del Cono Sur, el modelo de los agronegocios domina los criterios de inserción de la región al
mercado global, de la integración y uso de los territorios y además es hoy el principal vector
de los conflictos socio-ambientales. Este proyecto de control territorial está concretizado y
visibilizado en el mega plan de IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura
Regional Sudamericana), con la construcción de una red de hidrovías, carreteras, ferrocarriles,
puertos, hidroeléctricas, etc. El recién lanzado “Programa de Aceleración del Crecimiento” del
gobierno de Brasil también es un ejemplo de esto.
Con el respaldo de la línea histórica de su partido, el presidente brasileño anunció
recientemente inversiones millonarias en obras públicas, como la construcción o reparación de
42.000 kilómetros de carreteras, 2500 km de vías férreas, 20 aeropuertos y 12 puertos. Las
inversiones en el sector energía se destinarán al trazado de 4500 km de gasoductos, 13.800
km de líneas de transmisión de electricidad, 46 fábricas de biodiésel y 77 refinerías de caña de
azúcar para producir etanol, entre otros proyectos. Paulo Skaf, presidente de la poderosa
Federación de Industriales de San Pablo (Fiesp), celebró que “por fin el gobierno lanzó un
programa de crecimiento”. El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha prometido que completará
una "revolución energética" basada en la producción de combustibles de origen vegetal.
También ha calificado de un "éxito extraordinario" el Programa de Biodiesel, para producir
combustible a partir de semillas rica en aceite, como el ricino, la palma y la soja. La ley
brasileña obligará, partir del 2008, a añadir un 2% de este combustible a los tanques de la
toda la flota automotriz nacional. En el caso de Brasil, el país tiene el mayor programa oficial
3
en agroenergía: marco legal, plano estratégico de financiamiento y promoción, toda una
arquitectura institucional pública de promoción e integración de los productores al modelo de
los biocombustibles como forma de ‘resolver la generación de empleo y renta, mantener a los
hombres en el campo y “desarrollar” el medio rural’.
En Argentina el Poder Ejecutivo dictó el decreto reglamentario para poner en funcionamiento el
“Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentable de
Biocombustibles”. En el Diario Judicial de Argentina se puede leer: “Casi un año después de la
promulgación de la ley, el decreto pone en marcha la regulación de un tipo de energía que
podría en unos años reemplazar a los combustibles fósiles, dado que los biocombustibles
pueden ser producidos sin limitación alguna” (cursiva es nuestra).
La situación en España
El Plan de Energías Renovables 2005-2010 aprobado por el Gobierno español se ha fijado un
objetivo de penetración de los biocombustibles del 5,83% en 2010 (70% de biodiesel),
correspondiente a unos 2,2 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Bep). Actualmente
los biocombustibles representan menos del 1% del combustible empleado por el sector del
transporte por carretera. El mercado de los cultivos energéticos en España está a punto de
despegar. Se producen muchas reuniones de la Mesa Nacional de Biocarburantes, en la que
productores, agricultores, industria transformadora y Ministerio de Agricultura formulan un
contrato marco que regule los precios de compraventa, las condiciones de pago, los plazos de
entrega o los pagos por calidades de los cultivos energéticos que se empezarán a sembrar a
partir del próximo mes. Ya aparecen las noticias que, por ejemplo, Aragón y Castilla La Mancha
blindan los grandes ríos para producir los nuevos cultivos energéticos lo que provoca nuevos
conflictos por el agua en un momento de extrema escasez y un aumento de los problemas
hídricos por el Cambio Climático[mv1].
En la revista “Energías Renovables” se afirma que “para cumplir los objetivos del Plan de
Energías Renovables (PER) son necesarias alrededor de un millón de hectáreas de cultivos
energéticos reales” (se entiende que destinadas exclusivamente a biocarburantes, puesto que
en el mismo artículo se afirma que es improbable se destinen a otros usos)[mv2]. Según
previsiones del Ministerio de Agricultura, las superficies necesarias serían: en el caso del trigo
una superficie equivalente a aproximadamente un 25% de la cultivada actualmente, en el caso
de la cebada, sería algo menos del 10% de la superficie total actual, en el caso del maíz, más
del 10% de la superficie total actual. Por otra parte, el Ministerio reconoce que no sería posible
cultivar en España la superficie necesaria de colza, y las previsiones son de importar el 75% de
aceites para biodiesel en forma de soja o palma (algo que por cierto ya está sucediendo).
La mentira de la neutralidad de CO2 de los biocarburantes
Y mientras los ministros de medio ambiente de la UE aprobaron unos objetivos para reducir en
un 30% las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2020, sin la intención de cambiar
el modelo de crecimiento económico que demanda cada vez más energía, están aumentando
las emisiones por la propia demanda de aceites vegetales para producir combustibles para la
UE. Para producir una tonelada de aceite de palma se producen 10 veces más CO2 que con la
combustión de una tonelada de petróleo. Mover autobuses del transporte urbano con aceite de
palma puede sonar a “verde” pero produce una pesadilla para los habitantes y el medio
natural donde crece.
El aceite de palma tiene una gran demanda en Europa por ser un combustible “limpio”. Pero
donde en los ámbitos de producción – en Indonesia, Malasia y Colombia por ejemplo – la
deforestación, los incendios forestales y el drenaje de tierras húmedas supone la emisión de
enormes cantidades de CO2. Con el afán de importar carburantes “verdes” los países de la UE
generan ingentes emisiones de CO2 en Asia, por ejemplo.
Hace sólo unos años, los políticos y grupos ambientalistas de Holanda y otros países europeos
se mostraban entusiasmados por las plantas eléctricas y los vehículos que usaban aceite de
palma del sureste asiático para su funcionamiento. Motivadas por subsidios gubernamentales,
las compañías energéticas se volvieron tan “apasionados” que diseñaron generadores que
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funcionaban exclusivamente con el aceite, que en teoría era más limpio que los combustibles
fósiles como el carbón, porque es derivado de las plantas. Pero en el 2006, cuando unos
científicos estudiaron las prácticas en plantaciones de palmas en Indonesia y Malasia, este
cuento de hadas verde empezó a parecer más una pesadilla ambiental. El incremento en la
demanda de aceite de palma en Europa provocó que se despejaran enormes extensiones de
selva tropical en el sureste de Asia y el sobre-uso de fertilizante químico allí. Peor aun,
organizaciones campesinas, de derechos humanos y ecologistas afirmaron, el espacio para los
sembradíos de palmas en expansión muchas veces era creado al drenar y quemar tierras
donde crecían turbas, lo que enviaba enormes cantidades de emisiones de carbono a la
atmósfera. Según un estudio de las ONG’s Wetlands International y Delft Hydraulics, (ambos
de Holanda) Indonesia se había convertido rápidamente en el tercer productor más grande del
mundo de emisiones de CO2 después de Estados Unidos y China[mv3].
Pero encima se pretende incentivar a las empresas productoras de aceite de palma o de soja
con “créditos de carbono” utilizando los mal llamados “mecanismos de desarrollo limpio” del
Protocolo de Kyoto. Según las Naciones Unidas se está explorando conceder a los productores
de biocarburantes parte de los 3.000 millones de US-$ de los mecanismos de desarrollo limpio
(MDL’s) resultantes del mercado de comercio con emisiones de gases de infecto
invernadero[mv4].
Indonesia y Malasia produce alrededor del 80% del aceite de palma en el mundo y una cuarta
parte de las plantaciones de palma están situadas encima de antiguos humedales. Además sus
gobiernos han anunciado expandir la producción de aceite de palma y destinar, por lo menos,
un 40% a la producción de biocarburantes (el resto de aceite de palma se utiliza en la industria
alimentaria y de droguería). La producción de una toneladas de aceite producido sobre un
humedal genera la emisión de aproximadamente 20 toneladas de CO2.
Monocultivos de palma para alimentar al tráfico colapsado en Europa
Hace poco se informó que la multinacional Acciona Biocombustibles suministrará un mínimo de
1,5 millones de litros anuales de biodiesel a La Montañesa, adjudicataria del transporte urbano
de la Comarca de Pamplona. El combustible será producido en la planta de Acciona en
Caparroso (Navarra) y permitirá cubrir el consumo aproximado de unos 50 autobuses. Desde
comienzos de 2005, Acciona produce biodiésel a partir de aceites vegetales de primer uso -de
colza, soja y palma- que acaba de duplicar su capacidad hasta las 70.000 toneladas anuales.
La compañía tiene un acuerdo con Repsol YPF para construir, antes de 2010, cinco plantas de
biodiesel en España, con una capacidad conjunta de 1,1 millones de toneladas, que representa
aproximadamente la mitad del objetivo previsto en el Plan de Energías Renovables del
Gobierno español y que supondrá una inversión aproximada de 300 millones de euros[mv5]. En
el caso del transporte de Iruña se supone que el “uso de los 1,5 millones de litros de biodiésel
evitará la emisión a la atmósfera de 3.500 toneladas de CO2, que se hubiese causado con
gasóleo, con un efecto depurativo equivalente al de 175.000 árboles en el proceso de
fotosíntesis”[mv6]. Nada se dice de las emisiones generadas con la producción de este
combustible.
El debate: ¿Son los agrocombustibles una alternativa al cambio climático?
¿Qué ocurre si de repente (casi) todo el mundo se pone de acuerdo y elige la producción de
biocombustibles como una de las soluciones al cambio climático? Se dan, entre otras muchas
cosas, debates en el entorno de las grandes organizaciones ambientalistas, como Greenpeace
y Amigos de la Tierra por ejemplo, sobre si apostar o no por esta supuesta energía
“alternativa”, “limpia” y “renovable”. Y por la presión social que lleva al movimiento ecologista
a presentar “soluciones” precipitadas al cambio climático, se superponen los departamentos de
“energía” de dichas organizaciones, que están encargados de las campañas para frenar el
Cambio Climático, sobre las de “biodiversidad” o “bosques”.
La Oficina de Medio Ambiente (BEE), un grupo de presión ecologista en Bruselas donde están
reunidas una buena parte de las organizaciones ambientalistas de Europa, publicó en 2005 su
posición sobre biomasa y biocarburantes bajo el lema "la necesidad de definir un criterio de
sostenibilidad". El BEE apunta –de forma demasiada nítida- que la promoción de la “bioenergía”
debe ser parte integrada de una estrategia coherente para frenar el Cambio
5
Climático. Subraya que otras fuentes de energía renovable deben ser promovidas primero y
ante todo se debe priorizar la eficiencia energética y el desarrollo y aplicación de tecnología
limpia. "No toda bio-energía es buena para el medio ambiente” dice el BEE y propone al final
de su documento 10 criterios para la producción de agrocombustibles que al cumplirlas
impedirían por un lado la actual importación de biomasa de países del Sur y por otro lado se
derrumbarían los propios objetivos de la UE por su propio peso (insostenible)[mv7].
Es importante señalar que el debate no es si es bueno fomentar o no el uso de biomasas, tales
como el etanol que se puede sacar de los residuos de la agro-industria, el diesel "Fischer-
Tropsch" de biomasa maderable de origen sostenible, aceites o gases resultantes de los
residuos domésticos (tanto aguas negras como residuos orgánicos), o etanol producido a
través de una fermentación de restos de madera de origen sostenible. El debate urgente está
en cómo frenar la importación de materia prima producida en un modelo agro-industrial que
genera más emisiones de CO2 que se pueden ahorrar con el uso de biomasa y utiliza en su
producción combustibles no renovables.
En definitiva, la agricultura industrial y el sistema agroalimentario son actualmente actual
insostenibles. Resulta entonces la lucha por garantizar la soberanía alimentaría de todas las
personas del planeta. Para ello es urgente encaminar todas las políticas públicas hacía modelos
que reconcilien una productividad aceptable con prácticas ambiental y socialmente sostenibles.
Para conseguirlo es necesario cambiar los patrones del actual modelo económico que se basan
en el crecimiento indefinido. Un primer paso consiste en transformar nuestro modelo agroalimentario
dominante que depende en un alto porcentaje (95% en la UE) de los insumos
energéticos de carácter no renovable y mayoritariamente de petrolero. Y aquí podemos ir
planteando el debate sobre una civilización post-petrolera.
i Es una de muchas iniciativas de denuncia y presión política de los últimos meses, como ejemplo podemos señalar el
informe del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (http://www.wrm.org.uy/), la carta abierta de Sawit
Watch (http://www.sawitwatch.or.id/), el documento sobre “Biocombustibles” a tratar en el Foro Social Mundial de la
Reforma Agraria y Soberanía Alimentaria en Mali del Foro de Resistencia a los Agronegocios
(http://www.ecoportal.net/content/view/full/66821), la carta abierta dirigida al Parlamento Europeo
“QUEREMOS SOBERANÍA ALIMENTARIA, NO BIOCOMBUSTIBLES” promovida por la Red Alerta contra el
Desierto Verde, Red por una América Latina Libre de Transgénicos, Red Latinoamericana contra los Monocultivos de
Arboles, Red Oilwatch América del Sur, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales  
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4 respuestas a Biocombustibles, la nueva falacia

  1. Sonja dijo:

    Hola,ante todo decir que tienes un space bastante interesante.
    ¿tu eres amiga de un chico que se llama César que es de León pero estuvo haciendo la mili en Baleares?.Hace tiempo que no se nada de él y no se si ha cambiado de nº de movil así que si hablas con el le dices que le tengo que decir una cosa bastante importante.Contestame con lo que sea y me sigo pasando por aquí.Adeu

  2. Helena dijo:

    Buenasss, un placer conocerte y siento decirte que hace mucho que no sé nada de él, tenemos muy perdido el contacto. Me extrañaría que hubiera cambiado el móvil, aunque ciertamente no sé si aún está de militar destinado en Mallorca pues hace ya mucho que amenazaba con irse. Si algún día se cosas te informo en tu espacio. Saludos!

  3. Miri dijo:

     
    A todo esto, los biocombustibles no es que no sean ecológica o socialmente sostenibles. Es que ni siquiera lo son ECONÓMICAMENTE. Sobreviven a base de subvenciones, porque su fabricación provoca pérdidas.
     
    El bioetanol y el biodiésel son por hoy muy poco eficientes. Hay un índice llamado ERO(E)I “Energy return on (energy) input” que refleja un poco la eficiencia de una forma de energía. El ERO(E)I representa la energía que obtienes por cada unidad de energía que inviertes. Ejemplo: cuando tú extraes petróleo, estás invirtiendo también energía en abrir el pozo, en alimentar la maquinaria, en transportarlo, etc.
    En el caso del petróleo, el ERO(E)I es de 30/1. Esto es: se obtiene 30 veces más energía de la que se invierte en sacarlo. Sin embargo, en el caso del biodiésel y el bioetanol, el ERO(E)I oscila entre 0 y 6.  Es una energía poco eficiente. Pero es más: la mayoría de las veces, para estos cálculos, se considera que la biomasa de la que se extrae, la planta de refinamiento y los centros de distribución están próximos. Si consideramos que gran parte de los cultivos energéticos de los que se sacan los biocombustibles se importan o están, en cualquier caso, lejos de los centros de refinamiento y distribución, la energía que se invierte en el transporte de la biomasa, y luego en la distribución en sí del biocombustible, hacen que su rendimiento baje hasta aproximarse a cero. Y… ¡Un EROI por debajo de 1 significa que el denominador es mayor que el numerador, lo cual quiere decir que se emplea más energía para producirlo que la que da su combustión!
     A esto habría que añadir, como citas aquí que, si se extienden los biocombustibles, hay muchos países que, por su superficie, se verían obligados a importar los biocombustibles o, al menos, la biomasa vegetal para producirlos (Holanda, Bélgica, Estonia, Eslovenia… etc.), lo cual, todavía bajaría más el rendimiento energético, al tener que restarle la energía que se gasta en transporte.
    Entonces, ¿Qué sentido tiene que se sigan alimentando los biocombustibles?En primer lugar, si se extienden, se rebajaría (que no eliminaría) la dependencia de EEUU y Europa de la OPEP. Pero además, en el caso europeo al menos, lo que se está buscando es una salida para una agricultura europea cada vez menos competitiva a nivel mundial. Ahora que la OMC (Organización Mundial del Comercio) nos presiona a acabar con los aranceles y abrir las fronteras a los productos extranjeros, más baratos, así como a desligar las subvenciones de la producción, la agricultura europea lo tiene cada vez más difícil en el mercado global. Los biocombustibles son una alternativa para que los agricultores no abandonen el campo en Europa, como lo han sido hasta ahora las subvenciones de la PAC a una sobreproducción alimentaria encaminada a generar excedentes crónicos que se vendían en el mercado internacional por debajo de su costo, pero que permitían evitar en parte el abandono rural. Con los biocombustibles se intenta por un lado revalorizar esta producción, y por otro, poder mantener el mundo rural aunque sea a base de subvenciones, ya que la OMC no presiona a retirarlas en el caso de los cultivos energéticos.
     
    Por otra parte, también hay una tercera razón, que es la imagen “ecologista” que tiene todo este tema de los biocombustibles, y que a los políticos europeos  les conviene dar de cara al público que no entiende de ERO(E)Is ni de rendimientos energéticos. Y eso es lo que más me fastidia: que como lleva la palabra "bio" delante pasen por ecológicos cuando para su producción se gasta más energía de la que se genera, cuando la mayoría provienen de cultivos transgénicos, cuando se talan bosques y se les da prioridad sobre los cultivos alimentarios en unos países donde la gente no tiene qué llevarse a la boca.
     
    Y bueno, pues nada más. Muy interesante la entrada pero, un consejito: en lugar de copiar textos grandes, intenta resumirlos con tus propias palabras. Esto hará que sean más breves pero, sobre todo, que también la gente que no está puesta en el tema del medio ambiente pueda entenderlos. Porque los que ya estamos puestos sabemos de qué va el tema de los biocombustibles, y quien más falta hace que se entere, probablemente no entienda muchos conceptos que salen en un texto copiado literalmente de un libro.
     
    Un besito,
    Miri

  4. Sonja dijo:

    Perdon x contestar tarde.Pensé que ibas a contestarme en el space pero al no ver el  comentario ya di x perdida tu respuesta hasta que hoy de casualidad entro aquí  y la veo.Yo se que se fue de Baleares ,volvió a Zgz y después vete a saber donde pero desde hace un par de meses no se nada de el y todavia tengo pendiente hablar de algo muy importante¿no le ves tampoco en el msn?.Espero que me informes a mi space (si fuera así preferiria q me dejases comentario en una de las entradas más recientes.Gracias.
     
    P.D:He visto que te gusta bastante la naturaleza y que has puesto bastantes links a webs en defensa de los animales ¿eres  vegetariana o vegana?.

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