Los nadies

Eduardo Galeano: El libro de los abrazos.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Menos mal que los ideales son a prueba de balas.

Este texto de prosa poética lo tengo que recitar en público, e incluso me hace ilusión pese mi timidez. Sencillamente por el mensaje que porta, recordandonos que el mundo no es sólo por aquellos que salen en las enciclopedias, es y será por aquellos que no tienen cara en los medios, es y será por aquellos que desapercibidos construyen un nuevo mundo y siembran esperanza, sin temor a la muerte. Aquí en España, quién habla no corre peligro alguno (o eso creo), pero no es igual allí donde no hay libertad de expresión, ni de acto, donde hay obligación de oír y callar. La última frase (en verde) es un añadido mío.

La madre despreciada:

Las obras de arte del Árfica negra, frutos de la creación colectiva, obras de nadie, obras de todos, rara vez se exhiben en pie de igualdad con las obras de los artistas que se consideran dignos de ese nombre.
Estos botines del saqueo colonial se encuentran, por excepción, en algunos museos de arte de Europa y de los Estados Unidos, y también en algunas coleccionas privadas, pero su espacio natural está en los museos de antropología.
Reducido a la categoría de artesanía o de expresión folklórica, el arte africano es digno de atención, entre otras costumbres de los pueblos exóticos.

El mundo llamado occidental, acostumbrado a actuar como acreedor del resto del mundo, no tiene mayor interés en reconocer sus propias deudas.
Y, sin embargo, cualquiera que tenga ojos para mirar y admirar, podría muy bien preguntarse: ¿ Qué sería del arte del siglo veinte sin el aporte del arte negro ?  ¿Hubieran sido posibles, sin la mamá africana que les dio de mamar, las pinturas y las esculturas más famosas de nuestro tiempo ?.

En una obra publicada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, William Rubin y otros estudiosos han hecho un revelador cotejo de imágenes.
Página tras página, se documenta la deuda del arte que llamamos arte con el arte de los pueblos llamados primitivos, que es fuente de inspiración o plagio.

Los principales protagonistas de la pintura y de la esucltura contemporáneas han sido alimentados por el arte africano, y algunos lo han copiado sin dar ni las gracias.
El genio más alto del arte del siglo, Pablo Picasso, trabajó siempre rodeado de máscaras y tapices del África, y ese influjo aparece en las muchas maravillas que dejó.
La obra que dio origen al cubismo, Les demoiselles d’Avinyó (las señoritas de la calle de las putas, en Barcelona) brinda uno de los numerosos ejemplos.
La cara más célebre del cuadro, la que más rompe la simetría tradicional, es la reproducción exacta de una máscara del Congo, que representa una cara deformada por la sífilis, expuesta en el Museo Real del África Central, en Bélgica.

Algunas cabezas talladas por Amadeo Modigliani son hermanas gemelas de máscaras de Mali y Nigeria.
Las franjas de signos de los tapices tradiconales de Mali sirvieron de modelo a las grafías de Paul Klee.
Algunas de las tallas estilizadas del Congo o de Kenia, hechas antes de que Alberto Giacometti naciera, podrían pasar por obras de Alberto Giacometti en cualquier museo, y nadie se daría cuenta.
Se podría jugar a las diferencias, y sería muy difícil adivinarlas, entre el óleo de Max Ernst, Cabeza de hombre, y la escultura de madera de la Costa de Marfil, Cabeza de un caballero, que pertenece a una colección privada de Nueva York.
La Luz de luna en una ráfaga de viento, de Alexander Calder, contine un rostro que es el clon de una máscara luba, del Congo, ubicada en el Museo de Seattle.

Patas Arriba: la escuela del mundo al revés – Eduardo Galeano

Aquí dos textos de mi autor más estimado, si he de ser sincera, a veces me gusta copiar su estilo, creo que sabe llegar hondo, al corazón humano y para mí eso siempre es digno de admiración. Da datos sin hacer los textos tediosos, algo realmente difícil de conseguir. Os recomiendo el segundo libro, puede que ya tenga diez años pero es tan actual sobre todo en América latina que es como si ayer se hubiera escrito. Añadir sólo unos enlaces si queréis escucharle, vale la pena: 

Discurso en honor a la victoria de Evo Morales. Discurso muy esperanzador.

El funcionamiento del mundo. Crítica a la situación actual mundial con muchísimo humor, y donde da testimonio de que Chávez no es un dictador. En esto último no me inmiscuyo, ningún político me inspira total confianza, me declaro neutral. Eso sí, me cae muy bien por como dice las cosas, sinceridad no le falta, ejeje.

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