Anarquía (Edgardo Civallero)

http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2006/05/anarquista.html

Anarquista

         Me ocurrió hace poco, en un taller que dictaba en la ciudad de Trenque Lauquen. Pero ya me había ocurrido en otros cursos, en Buenos Aires, en Córdoba, en Rosario. En cada clase, anoto -como advertencia preliminar- que los oyentes podrán escuchar algunas opiniones que quizás les resulten fuera de lugar. Ello se deberá a que soy anarquista, y a que, como regla personal, nunca callo lo que pienso.
El comentario que se ha repetido en todos los talleres -usualmente, durante la charla de café- fue el siguiente: "Creía que el anarquismo había desaparecido". O quizás un más contundente "el anarquismo está muerto". La respuesta es siempre la misma: "Ocurre que los anarquistas actuales ya no volamos edificios o coches. Ahora volamos mentes. Entonces no somos tan notorios".
 

         El anarquismo filosófico -aquel nacido en las edades antiguas, en la Grecia de las poleis- hacía honor al significado etimológico de la palabra: an-arché, negación del poder. A lo largo del tiempo, tal expresión adquirió el significado de negación de autoridad, negación de las estructuras que ejercen poder sobre un ser humano, que oprimen, que limitan, que obligan… Desconozco si nací anarquista o me hice. Calculo que la última opción es la más aceptable: jamás acepté la autoridad por obligación, sino que la reconocí por respeto a capacidades mayores a las mías. Es la única forma bajo la cual un anarquista puede llegar a aceptar algún tipo de autoridad, que, en ese caso, ya no sería tal: sería una influencia. Los anarquistas no aceptamos estructuras verticales de ningún tipo, no ya solo en política, sino en la sociedad o en la religión. Es por eso que el anarquismo es asociado tan frecuentemente al ateísmo: niega la autoridad de otro hombre para establecer la fe y sus procesos, niega el poder de seres superiores para dictar normas (en ese sentido yo también sería atea pues mi Dios es otro bien distinto). Los anarquistas creemos que la autoridad reside en la coerción o en el respeto, y abominamos completa y profundamente de la primera opción. La coerción únicamente conduce a que nos encadenen, a que nos limiten, a que nos digan que hacer, como hacerlo, bajo que condiciones. Y no entendemos la libertad bajo esas circunstancias. Libertad limitada no es libertad: es un sueño de liberación que nunca llega a concretarse.

Ser anarquista en el seno de una sociedad establecida sobre bases del poder de un ser humano sobre otro no es fácil. Pero no es imposible, como lo demostramos a diario. Si bien muchas cosas deben aceptarse porque no existen alternativas válidas, otras pueden elegirse. Y, siempre que tenemos elección, elegimos aquella alternativa que nos permita movernos en total libertad, ejerciendo nuestra solidaridad, trabajando en equipos y en estructuras horizontales, hablando de igual a igual, ejerciendo nuestra libertad de expresión y de acceso a la cultura, oponiéndonos firmemente al comercio con las cosas incomerciables (cultura, naturaleza, bienestar…). Lo que para algunos parece locura y utopía, para muchos de nosotros resulta un estilo de vida que, si bien no es simple, nos hace felices, porque nos permite respetarnos y respetar, y sentir que muchas de las miles de cadenas que llevamos encima por el mero hecho de haber nacido en sociedad, se van desvaneciendo, o aflojando. El comercio justo es por sus acciones e ideas anarcocomunista.
 
         Durante mucho tiempo, la expresión más conocida -o la más popularizada por los medios oficiales- del anarquismo fue la violencia radical armada. Todos los terroristas y asesinos que actuaban bajo la supuesta bandera del anarquismo político fueron colocados como imagen estereotipada de esa corriente de pensamiento y acción, y de esa forma fuimos condenados como bestias salvajes, como asesinos sanguinarios, como chacales del demonio. Hoy en día ya no volamos puentes, ya no disparamos contra las autoridades, ya no preconizamos el caos como única forma de libertad. En realidad, los verdaderos anarquistas, los que profesamos un respeto casi "religioso" hacia las ideas básicas de esa filosofía, jamás nos planteamos la violencia como forma de acción, sencillamente porque creemos en el ser humano como base de la sociedad.
 
            Hoy, los que seguimos creyendo y actuando ya no volamos edificios: volamos mentes. Hacemos pensar, abrimos puertas a la luz entre tanta oscuridad, quitamos mordazas y vendas de los ojos, destapamos oídos, liberamos manos de grilletes seculares. Enseñamos, educamos, formamos, pero nunca en nuestra línea de pensamiento. Sólo liberamos las manos para que ellas actúen en libertad, por sí mismas, haciendo uso de un libre albedrío natural que cada hombre y mujer posee. Defendemos la igualdad de todos los seres humanos, sin poder del uno sobre el otro: ni del hombre sobre la mujer, ni del rubio sobre el moreno, ni del rico sobre el pobre, ni del adulto sobre el niño. Defendemos el valor de cada lengua, sin poder de una sobre otra. Odiamos la palabra "dominante" porque representa poder injusto, poder establecido injustamente de un grupo o un individuo sobre otros. Y respetamos la autoridad por capacidad: aquellas personas que pueden ayudarnos a organizarnos y guiarnos en el camino por su saber, por su experiencia… Tales personas no necesitan imponerse sobre los demás exhibiendo títulos: solo necesitan hablar o actuar para obtener el reconocimiento automático de los que los rodean. Estoy seguro de que habrán conocido miles de personas así.
 
           Volamos mentes, sí, y volamos murallas mentales: ayudamos a despertar, a pensar, a romper el asfalto con el que muchos pavimentaron y cubrieron nuestros sueños de ser y de sentir y de vivir y de luchar. Ayudamos desinteresadamente, damos clases sin cobrar, invertimos nuestros ahorros y nuestro trabajo en acciones que nos ayuden y ayuden a los que nos rodean. Creemos que el bien siempre vuelve, al igual que el mal, y, cuando regresa a las manos que lo engendraron, regresa multiplicado. Por tanto, somos siempre solidarios, y siempre actuamos a conciencia propia, olvidando las normas sociales que nos empujarían a actuar de tal o cual manera. Tales normas llevan encasillando y limitando a los seres humanos desde hace siglos, haciéndolos infelices, empujándolos a caminar caminos que jamás quisieron transitar… Esas normas y ese poder ejercido injustamente llevan a muchos a trabajar en puestos para los que no se sienten capaces, soportando la autoridad de personas mínimas y endebles que solo tienen un título para sentirse superiores y ser alguien. Esas normas llevan a temer a un Dios cristiano vengativo, o a un cura que tiene en su mano el perdón de nuestros pecados. Esas normas llevan a que seamos discriminados por pobres, o por homosexuales, o por diferentes, o por… lo que sea.
 
          Siempre hay una razón por la cual el poderoso aplasta y oprime. Siempre hay una razón por la cual alguien queda en la base de la estructura, soportando la gran pirámide, soportando los vicios y las falencias de otros.
 
Quizás vivimos transitando un camino al costado del mundo. Pero nosotros, los anarquistas, sabemos que no es así. Sabemos que estamos bien adentro del mundo, que luchamos por lograr una igualdad, una fraternidad y una libertad defendidas desde hace siglos, desde Jesús de Nazareth a los revolucionarios franceses. Sabemos que luchamos por un imposible, pero, al menos, es una causa noble por la que luchar, es NUESTRA causa, es una causa que nos honra con bienes mínimos. ¿Cuántos han caído por luchas más innobles, manchados de sangre? ¿Cuántos desperdician su vida tras un éxito y una fama que no lograrán jamás?
 
       Olvidar todas las barreras de autoridad olvidables. No todas pueden ignorarse, pero aquellas contra las que se pueda luchar, deben ser eliminadas. La biblioteca ha sido, desde siempre, parte del alma del ser humano, el reservorio de gran parte de su cultura escrita. Y debe convertirse en las alas de sus usuarios, alas que les ayuden a volar, a elevarse sobre sus miserias cotidianas: educándose, riéndose, informándose, soñando…
 
        Quizás el anarquismo sea una de las filosofías más humanistas que existen. Porque se basa en la libertad del ser humano, y preconiza y lucha por la ausencia de estructuras que limiten e impongan otras voluntades sobre la libertad y la voluntad individual, la cual debe ser respetada y protegida en todo momento.
 
Muchos son los que actúan como anarquistas sin saberlo, sin importarles las etiquetas. Y eso demuestra el valor intrínseco de tal postura ante la vida, ante el trabajo, ante la fe, ante las relaciones sociales, ante la política: el valor de lo natural, de lo notable, de lo respetable. El valor de la libertad individual. Algo que no puede ser sometido por la fuerza, ni comprado con muerte y sangre. Solo puede ser defendido con las propias manos, y despertado con bombas.
Bombas en la mente.
 
He defendido durante muchos años y sin saberlo al no conocer su nombre, el anarcocomunismo. Es la postura política a la que más se acerca el ecologismo, basta pensar en Kropotkin o Thoreau, como explican en la página avanzando hacia la utopía.
 

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4 respuestas a Anarquía (Edgardo Civallero)

  1. josé miguel dijo:

    Muy buena la entrada, me ha gustado mucho.  A mi opinión, la anarquía se basa demasiado en la buena voluntad y el buen hacer de la gente. Para llevar a cabo una sociedad anárquica es necesario que esté formado por gente responsable, abierta en contra de los prejuicios, y ser solidaria. Si no ha existido una civilación anárquica duradera en la historia se debe a la propia naturaleza humana, y es que el anarquismo me encanta como estructura social, pero la libertad que precogniza se fundamenta en un respeto y responsabilidad de la gente total, y ese es su fallo. Si el anarquismo fuese la nota imperante se podría definir a la especie humana cómo algo que está por encima de lo común en la biosfera terrestre. Ya que esa libertad total sin dominantes no existe en la tierra; por ejemplo una especie domina a otra en un clima, o la jerarquía de las hormigas.
     
    Sin embargo, nuestra sociedad nos demuestra lo animales que somos y nos empeñamos en negar. Nos consideramos mejores que el resto de seres vivos. Pero no dejamos de ser mamíferos territoriales, que hacemos la guerra por nuestros territorios. Somos mamíferos dominados por la jerarquía de alfa y omega. La población humana está dividido en múltiples subpoblaciones que podemos llamar etnias o naciones. Nuestra cultura, que consideramos la esencia del ser humano, está totalmente condicionada al clima reinante. En fin, somos una pieza más de la biosfera, y sólo la anarquía es el reflejo del espíritu humano, lo que realmente nos diferencia del resto de seres vivos, y esto, tal vez no sea parcela exclusiva del ser humano.
     
    PD: Estoy teniendo problemas para actualizar el blog, espero hacer una entrada pronto, Muxus

  2. Helena dijo:

    Por desgracia así es, y es el defecto del anarquismo pues supone que al amyoría de seres humanos son capaces de asumir responsabilidades, saber conocer los límites de su libertad fundamentándose en el respeto y apoyo mutuo. Para mí es el sistema ideal, y me bastaría con que un tímido reflejo se asomase en la tierra, todo empieza por pequeños pasos y no sabemos que ocurrirá cuando la humanidad se encuentre al límite de sus recursos, si es el fin por las guerras se autoaniquilará, si opta por apoyarse y acabar con la pura competencia económica, sobrevivirá.
    Es un tema complejo, lo que esta claro es que el tema jerárquico es puramente animal, por mucho que el ser huamno quiera pensar que eso le distingue del resto. El orden empieza por uno, y cada cual no debería esperar que otros se hagan cargo de su problemas, o bien no debería quedarse pasmado en lugar de ayudar a alguien que sufre un atraco por esperar un policia, por poner un ejemplo. Baste recordar lo de la chica del metro…
    Salud!

  3. Miri dijo:

     
    … eso en el supuesto de que todos somos muy buenos y solidarios. Pero el mundo real no es así. Es como si calculáramos que los bosques acumulan CO2 basándonos en 24 horas al día de luz. Las ecuaciones pueden ser perfectas, pero no hay 24 horas al día de luz, y no se adaptan a la realidad. Pues igual veo yo el anarquismo. Preciosa formulación, perfección formal… y poco aplicable al mundo real.
     
    Sitos,
    Miri

  4. josé miguel dijo:

    Lamento la pérdida de tu abuela. Muxus.

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