Somos ola y roca semiperenne

Estando en Ibiza este verano pude recordar momentos felices de la infancia, esos tan escasos que aún perviven, recorriendo la costa sentía la fuerza del mar, la sensación de galopar a sus lomos, de ser nada, partícula de agua y todo.

Mirando las montañas alboradas por el verde de los espesos pinares, cinceladas por el embiste del mar, y sus olas dotadas de la fuerza del viento de tramuntana,

aparecían ante mí como rostros escarpados, familiares, eran las piedras que aún guardaba en mi memoria, monumentos pétreos a la eternidad, pues que hay más para ser eterno, que ser recuerdo imperecedero en la memoria. Las almas transmigran, los cuerpos se corrompen pero las montañas y acantilados son lo más cercano que tenemos a la materia que semeja indestructuble sin en realidad serlo, pues se recicla como todo ser.

 

Nefer, el Silencioso:

Creo que las piedras son engendradas en el mundo subterráneo y crecen en el vientre de las montañas, pero también nacen en el espacio luminoso, puesto que algunas han caído del cielo. Un bloque parece inmóvil, sin embargo la mano del cantero sabe que está vivo y que lleva en él la huella de una metamorfosis que nuestros ojos no saben ver, porque el tiempo del mineral no es del hombre. La piedra es testigo de mutaciones que sobrepasan nuestra existencia; al percibirlas, ¿no seremos pues testigos de la eternidad?

 

Contemplando la costa de la que se extrajo la caliza para la catedral fue la primera vez que pude vislumbrar un paisaje en el que la Naturaleza y el hombre habían logrado trabajando conjuntamente crear un bello lugar, una obra maestra frente la mar.

 

Me gustaría ser símbolo de resistencia como esos acantilados, que no se rinden a las olas, a las circunstancias, cuales titanes de antigua existencia, seguramente inspiradores de éstos en la mente humana.

Así como la erosión no depende tanto de la intensidad o fuerza del elemento, sino de la resistencia de los materiales que componen la costa, la influencia que quieran ejercer sobre ti, no depende tanto de la persistencia de aquel, como de tus convicciones.

Es en la costa, allí donde tiene lugar la lucha interminable entre el oceáno y la tierra, vence aquel que amoldándose, en continuo cambio, transito y dinamismo hace de su frente, la más fabulosa obra de la Naturaleza libre.

 

Puede decirse que cada vez me acerco más a hacer las paces con esa niña que fui. Son demasiados años desvalorándola, rechazándola como parte mía, una etapa de la vida que como en todos afecta en gran medida y repercute en nuestra forma de ser presente y futura. Ha sido más bien por cuestiones anecdóticas, divertidas, cosas que hacía y que ni tan siquiera ya recordaba en su mayor parte. Aquí vienen:

· Me contó mi madre que con apenas cinco años lanzaba piedras a mi padre, (eso sí, sin acertar, la puntería nunca ha sido lo mío) porque él arrancaba las malas hierbas y a mí me daban lástima. Le decía pobres plantas, que culpa tienen, y es que sólo imaginarme me parto de risa.

· También con esa edad me castigaron en la escuela por dedicarme con una amiga a recoger tooooodos los caracoles del patio durante hora de clase, preocupada para que no los pisaran.

· Obligué a mi padre (carácter no me faltaba) a que respetara las plantas de un trozo del jardín y las dejara crecer libremente, yo me encargaría de cuidarlas (ya ves tú, que iban a necesitar).

· Mi mayor dedicación en los recreos era estar junto a los hormigueros, procurando que no les pasará nada a las hormigas, lloré incluso el día que alguien se dedicó a matar a algunas en mi ausencia con algo parecido a chicle. No, no tenía amigos y me parece recordar que rechazaba a todo ser humano, creedme si digo que mi misantropía ha ido a menos con los años.

Muchas más hay, pero todas ellas me hacen consciente de que mucho no he cambiado y si no hago las paces con ella, tampoco seré capaz de soportarme a mí misma.

 

Delirios pre-examen, recopilación de algunos textos escritos hace tiempo, junto con reflexiones mientras estudiaba las líneas de costa.

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3 respuestas a Somos ola y roca semiperenne

  1. josé miguel dijo:

      Con nostalgia y ternura se mira al pasado, cuando con escepticismo y temor se mira al futuro. No hay que vivir en el pasado, pero sí hay que repasarlo para ver cómo éste ha condicionado nuestro presente y así comprenderlo. Y una vez comprendido podremos mirar con optimismo y emoción nuestro futuro.
      Esos delirios pre-examen…que peso de encima me he quitado… siempre pensaba que no estaba preparado, pero en la mayor parte de mis examenes he aprobado. Bueno, es lo que tiene que temas al futuro, que hace que no te fíes del presente y te tengas que aferrar al pasado.

  2. Helena dijo:

    No hecho en falta al pasado ni la infancia, más bien fue una liberacíón dejarla atrás, lo que si procuro es confraternarme un poco con esa niña para aceptarme tal como soy ahora. El futuro es esperanzador, pero desde mi revolución interior es el presente es el mayor regalo y la vida no es ese castigo que no apreciaba. Decidí cambiar el prisma, la manera de ver el mundo, pues amargarse e irritarse por todo no sirve de nada, sólo para que te quedes solo. Este año me he reencontrado y es como si se hubiera cerrado un ciclo para empezar uno nuevo, en el que valoro lo que me concede la vida que no es poco. Vaya rollo que he soltado, pero era para aclarar, jejeje. Salud! Un abrazo!

  3. josé miguel dijo:

      No te preocupes, al fin y al cabo todos pasamos por lo mismo. Cada uno vive su revolución particular y cierra y abre nuevos ciclos, un saludo!

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