Cuentos del Himalaya

¿Os habéis fijado que muchas veces de nosotros mismos sólo somos capaces de ver nuestros defectos? Sobre todo si se pasa una mala época, en la que la apatía y el abatimiento ganan al entusiasmo y las ganas de vivir, épocas que pasamos todos seguramente. Hoy quiero regalar dos cuentos relacionado con el tema, me agradaron desde el primer momento que los leí por el mensaje tan revelador que contienen. Son del libro Cuentos espirituales del Himalaya de Ramiro A. Calle.

 

El ciervo almizclero

 

En los Himalayas hay un tipo de ciervo que es conocido como almizclero, porque genera un envolvente aroma que se denomina almizcle y que se propaga muchos metros a su alrededor. Pues bien, resulta que hubo un ciervo que se hizo adulto y comenzó a percatarse de la existencia de un aroma dulce y penetrante. Pero, ¿De dónde provenía ese olor? Quería saber de dónde procedía y comenzó a buscar incansablemente por todas partes e11ugardonde se originaba. Olía y olía ese aroma peculiar, pero por mucho que buscaba aquí o allá no sabía en qué fuente se generaba. En su anhelo por hallar dónde o qué producía ese especial aroma, empezó a obsesionarse por querer descubrirlo.

Día y noche seguía con las pesquisas, rastreando todo tipo de parajes, a la búsqueda ya desesperada del sitio de donde provenía ese intenso perfume. Y así iban discurriendo los años. El ciervo no dejaba de buscar. ¿De dónde surgiría ese perfume? Recorrió enormes distancias, sin conseguir descifrar el misterio. Así se consumía su vida y un día, todavía en busca del origen del aroma, le sobrevino la muerte sin haber podido ni siquiera sospechar que brotaba de sí mismo.

A menudo estamos tan identificados con nuestros afanes, anhelos y actividades, que vivimos de espaldas a nuestro propio ser, como un actor, que al identificarse completamente con su papel, termina por creérselo y deja de ser él mismo. y, sin embargo, el aroma de plenitud y serenidad halla su fuente en el interior. Es necesario dejar de dar vueltas alrededor del círculo para dirigirse hacia el punto central y recobrar la propia identidad.

 

 

El águila:

 

Sobrevo1ando un gallinero, un águila dejó caer uno de sus huevos, del que un tiempo después nació un aguilucho. El aguilucho fue muy bien recibido y aceptado por las gallinas y jugaba con los pollitos. Aprendió a caminar, correr, jugar y hablar como una de sus compañeras y estaba obviamente convencida de ser una gallina más.

Así pasaron muchos meses. La rapaz formaba parte del gallinero y en nada desentonaba del comportamiento de las gallinas, aunque fuera tan diferente a ellas en su forma. Pero un día cruzó por el despejado e inmenso firmamento una bandada de águilas. El águila-gallina se quedó admirada por el vuelo de aquellas poderosas aves. Algo muy intenso se removió en lo más profundo de ella y trató de volar. Ante su propia sorpresa, pudo remontar hábilmente el vuelo hacia el horizonte. Entonces de pronto, descubrió que era un águila y se sintió llena de gozo y de vitalidad, surcando los espacios ilimitados.

 

Estamos tan identificados con nuestros apegos y afanes, memorias y proyectos, procesos físicos y mentales, el ego y la personalidad, que nos hemos convertido en ajenos para nosotros mismos, en servidumbre con lo que es adquirido y no real. Externalizados, corremos en pos de nuestra propia sombra, ignorando nuestra realidad más profunda y reveladora. Pero si nos aplicamos a la búsqueda interior y vamos aprendiendo a aproximamos a nuestra naturaleza más íntima, recobraremos la libertad interior, la bendita presencia del ser y el luminoso sol interno al que durante mucho tiempo hemos dado la espalda.

 

Somos lo que creemos que somos, nos convencemos de que no podemos más que vivir con nuestros defectos, olvidando que éstos crecen según lo que nosotros los alimentemos, obstaculizando nuestro desarrollo y como dice el segundo cuento siendo una sombra de nuestro ser que puede acabar consumiéndose.

Muchas veces son otras personas las que nos ayudan a salir de ese círculo, por lo que nos puedan decir o porque el autoconocimiento no sólo se alcanza en solitario sino intercambiando ideas, sentimientos y pensamientos con los de nuestro entorno. Inteligente es aquel que conoce a los demás, sabio el que se conoce a sí mismo, decía Lao Tse.

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4 respuestas a Cuentos del Himalaya

  1. beatriz dijo:

    Creo que en la realidad uno, intervienen muchas cosas, aparte de lo que uno mismo se crea; no recuerdo donde oí la frase "uno no es nada si los demás no lo ven" y me puse a pensa que hay cierta verdad en esto: puedes saber tu realidad, reconocerte a ti misma, pero si los demas no lo ven ¿no dudas?¿no falla algo?. 
    Así que creo que la realidad de uno mismo es la suma de las tres cosas: lo que somos, lo que nos creemos y como nos ven, si creemos en una de estas visiones y nos olvidamos de las demas, estaremos perdiendo perspectiva y por tanto perdiendonos a nosotros mismos.
     

  2. Helena dijo:

    Tienes razón en buena parte, sin embargo también es cierto que como nos ven los demás depende mucho de la visión que tengamos de nosotros mismos, incluso en el plano físico. Igualmente estoy muy de acuerdo con tu último párrafo, y no sólo somos la suma de estas tres cosas, sino la interrelación entre éstas, no se pueden separar, están estrechamente ligadas. Saludos!

  3. Miri dijo:

     
     
    Vaya, pues precísamente hoy me alegro de haber encontrado estos cuentos…
     
    Un besito, guapa. Ta pronto,
    Miri

  4. josé miguel dijo:

      Yo soy yo y mi circunsntancia.

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