¿Qué les queda a los jóvenes?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?

¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén,
no dejar que les maten el amor,
recuperar el habla y la utopía,
ser jóvenes sin prisa y con memoria,
situarse en una historia que es la suya,
no convertirse en viejos prematuros.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror,
inventar paz así sea a ponchazos,
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte,
esa loca de atar y desatar.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe, como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

 
Mario Benedetti
Porque el pasado es de donde bebe lo aprendido
y el presente la oportunidad de superación
de todo error y toda lacra.
El pasado no ha de ser fuente de lamentaciones,
sino de insurreciones que surgen del alma
y transpasan fronteras, tenues espejismos de barreras inexistentes.
Comencemos a construir el futuro,
y no envejezcamos antes de haber vivido.
Añadido mío al poema que recite en público
Conferencia  "El héroe cotidiano " por Enrique Galbis.
[…]

De ahí que el hombre viejo y vencido hoy, el hombre que ha sido derrotado de alguna manera, el hombre amargado, cuando ve a un hombre que tiene sueños, que tiene ideales, que quiere cambiar el mundo, le dice yo también cuando tenía veinte años como tú, también tenía sueños e ideales. Pero ahora tienes que ir a otro sitio, tienes que situarte y no puedes vivir de sueños y de utopías, ahora tienes que producir. O sea, le está diciendo, tienes que producir y pagar el recibo de la luz y del gasóleo que últimamente está muy crecidito. Entonces olvídate de los sueños, olvídate de lo que quieres ser por dentro. Y ese joven que tiene una semilla de músico, de poeta, de recorrer el mundo para conocer otras formas de vivir, poco a poco lo van machacando con los recibos, con el dinero, con que tiene que conseguir esto, con las hipotecas, etc. Otro idealista más al cementerio de los sueños.

[…]

Y yo digo, ¿por qué? Bueno porque hay que casarse, hay un eslogan por ahí que lo dice, como si estuviera colgado en algún panel con los aviones: Joven tienes veinticuatro años, tienes que conseguir tu completura. Como si una mujer no pudiera primero sentirse a gusto sola, o como si un joven no pudiera primero sentirse feliz solo, y cuando se sientan felices luego es posible que puedan encontrar la felicidad juntos. Pero si primero uno no encuentra su ladrillo en el mundo, no encuentra su lugar, si no se siente básicamente feliz consigo mismo es bastante difícil que encuentre la felicidad con otra persona. De ahí viene que sea muy curioso, que la semana pasada se publicara que en España la primera causa de muerte de jóvenes entre quince y cuarenta años,  es el suicidio, aunque según otra fuente la droga. Están en primer y segundo lugar, son la primera y segunda causa.

 

Como filósofo, yo cuando veo eso tan terrible lo primero que hago es preguntarme el motivo, ¿por qué la gente se quita de en medio?, ¿por qué si todavía no ha empezado a  vivir? Porque nadie le ha dicho que tiene un lugar, que la vida tiene sentido, que él o ella tienen sentido; sino que venimos aquí a producir, a meternos datos en el cerebro pero sin un por qué. ¿Es una máquina procesadora de datos el ser humano a caso? ¿Es una máquina pagadora de impuestos? No tiene alma, no tiene espíritu, no tiene sueños, no tiene alas. Resulta que eso sólo está bien para los niños de ocho años, pero los que tenemos ya sesenta años no. A mí me siguen diciendo que soy  un niño. Claro, porque creo en los reyes magos.

 

Como dijo Unamuno una vez, ojalá vengan a esta Tierra muchos locos porque estoy harto de ver lo que han hecho los cuerdos. Ojalá encarnen los divinos locos, porque el mundo está muy enfermo. Cómo puede ser que la primera enfermedad, un 48 %, sea el desequilibrio psicológico en el primer mundo. Los pobres obviamente no tienen desequilibrios psicológicos, tienen hambre. Y los llamados ricos, los países poderosos están desequilibrados. Un cuarenta y tantos por cien están en manos de psicólogos y psiquiatras. ¿Por qué? Es decir, no debemos leer una estadística y quedarnos tan tranquilos, debemos preguntarnos como filósofos el por qué de tanto desequilibrio. Si a nosotros nos meten de repente en un automóvil, y lo ponen a 200 km/h sin haber conducido nunca nosotros un automóvil y no sabemos cómo funciona, ¿qué es lo que sucede? Nos agarra una desesperación, más cuando vemos que la carretera tuerce y que no sabemos como se maneja ese aparato. Es decir, el movimiento sin saber el sentido de ese movimiento, sin poder dominar el movimiento de la vida, obviamente produce angustia, produce estrés, produce depresión…

 

 [Cinta estropeada]

 

Esta conferencia a la que asistí hace unos meses en Es racò de ses idees, me agrado tanto que yo misma quise encargarme de transcribirla, pues el que la dio lleva varios años dedicándose a ello y es tan buen orador que siempre alguien se encarga de pasar a papel sus clases y conferencias. Son nueve páginas y por eso no la pongo entera en mi espacio, sin embargo he de añadir un fragmento que me encanto por su mensaje y su verdad, aunque quizá sólo sea mi punto de vista:

[…]

Sobre todo insisto en los estoicos romanos, ellos también vivieron una etapa con mucha crisis, parecida a la nuestra. El mundo se venía abajo, todos los esquemas se iban hundiendo, los bárbaros estaban en las puertas del imperio. En esa situación aparecen estos gigantes que con un lenguaje claro, directo, y sin hablar del más allá, hablan de cómo enfrentar las cosas sin miedo. Es decir, como salir adelante en medio de una etapa de crisis. Son unas recomendaciones las de estos autores estoicos, fabulosas. Uno se va a dormir después de leer un par de páginas y dice, bueno el mundo no está tan mal, mañana ya lo arreglaremos. Y son además muy baratos, este tipo de libros son los más baratos que hoy podemos encontrar. Os ahorraréis comprar libros de autoayuda, hoy en día sé qué hay un boom con libros de dicha temática. Algunos están bien y otros no tanto. Pero, toda verdadera autoayuda bebe de alguna manera de los clásicos. Pues mejor suprimamos intermediarios en eso como en tantas otras cosas y vayamos a las fuentes, y vais a ver que los autores modernos que venden millones de libros están cogiendo una frase de los antiguos y le van dado quinientas vueltas. Hagan la prueba, cojan los clásicos que no muerden y van a ver que son muy comprensibles, dan buenos consejos, no tienen prejuicios y que nos hacen no sólo pensar, sino sobre todo soñar y coger confianza en la vida. Es fundamental confiar en la vida. 

 

El daño más grande que se le hace al joven es que odie la vida desde joven, porque no entiende, porque no le muestran sentido. Y es terrible cuando una persona está muerta en vida. Yo siempre digo que la vida es dura a veces, pero jamás injusta. Hay que tener paciencia. Vemos la vida cuando pasan los años, en un año no podemos ver la vida. A veces decimos que sucede algo que produce dolor y lo vemos como malo, pero no vemos que a lo mejor mañana este dolor nos ha impedido caer en algo terrible y que en realidad no fue malo, sino muy bueno. Como vivimos de instante en instante, como queremos la satisfacción inmediata, nos falta la perspectiva, esto es, poder ver nuestra vida a lo largo de los años.

 

Es como el amor. Yo siempre digo que la imagen perfecta del amor son dos ancianos de 80 años que están en el parque, se cogen de la mano, se respetan y se quieren. Con dieciocho años los cuerpos sufren un calambre eléctrico. El amor verdadero tiene que resistir las pruebas de la vida, los golpes de la vida, el dolor, la enfermedad; si resisten eso y siguen juntos, allí hay amor. No sé, son conceptos que yo considero que si los vamos viendo poco a poco hace que la vida tenga color, tenga sabor. Sí, no está de moda hablar del amor. Hoy, con euros y dólares todo se resuelve. Pero, preguntémonos ¿Por qué hay tantos desesperados? Si les quitamos lo divino, les quitamos lo espiritual, les quitamos lo poético, ¿qué queda de la vida? La vida es algo gris, es una lucha de lobos, de unos contra otros, por el puesto de trabajo haciendo colas interminables. ¿En qué queda la vida? Por eso un filósofo al que le tengo mucho cariño escribió que el siglo XXI será el siglo de las musas, él era argentino. Cuando le preguntaron en París si el mundo de la tecnología llega a un punto que también acabará, ¿Qué vendrá luego? Él respondía que el reinado de las musas. Yo espero que vuelvan pronto.

 

 

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