El crimen especulativo y los agrocombustibles

Los precios de algunos alimentos básicos se han disparado. Según datos de la ONU, en el último año el precio de los cereales, especialmente del trigo, han aumentado un 130; el del arroz un 74%, el de la soja un 87 % y el del maíz un 53%. Esta explosión de precios está provocando una tragedia en muchos lugares del planeta y sus consecuencias pueden ser globales.
 
Si buscamos las causas que han disparado los precios podemos encontrar dos superficiales y uan de fondo. Las dos primeras son: el cultivo de alimentos para producir agrocombustibles y la especulación con esos alimentos en los mercados internacionales. Pero al causa profunda de la crisis y la más importante es el resultado de muchos años de políticas que han destrozado las producciones nacionales de alimentos (esto es, producir para exportación en lugar de autoabastecerse primero), que han obligado a los campesinos a producir cultivos comerciales para compañías multinacionales. Los pequeños productores, en lugar de autoabastecerse, se han visto obligados a comprar los alimentos a las multinacionales del mercado mundial.

La utilización de alimentos para elaborar combustibles para paliar el cambio climático está resultando un desastre. Ha provocado que la producción para agrocumbustibles compita con la producción de alimentos. El resultado es que en los países ricos se llena el deposito del coche a costa de que en otras partes del planeta no haya nada que llevarse a la boca por la subida de precios. Los alimentos ha dejado de ser primordialmente algo que alimenta a las personas y les asegura el sustento, y se ha convertido en una simple mercancia para la especulación y los negocios.
 
El problema del hambre en las zonas más desfavorecidas del mundo no es algo nuevo, pero en los últimos meses la subida desorbitada de precios en el mercado mundial ha provocado que millones de personas caigan en el abismo del hambre. La crisis afecta especialmente a los países pobres, cuyas familias dedican la mayor parte de su renta a la comida: un 85-90% en los países arrollados y un 10-12% en Europa.
 
En muchos países pobres (México, Birmania, Egipto, Mrruecos, Filipinas, Indonesia… y así hasta 44 países más) la gente ha salido a las calles con rabia para protestar por no poder comprar alimentos. Hay dirigentes mundiales que reclaman más ayuda alimentaria ante el temor de una agitación ciudadana. Paralelamente, muchos países exportadores de cereales están cerrando sus fronteras para proteger sus mercados internos, a la vez que otros se ven forzados a comprar por el pánico a la escasez. ¿Auge de precios? No. ¿escasez de alimentos? Tampoco. En 2007 el sector agrícola tuvo una producción récord de 2300 millones de toneladas de grano, un 4% más que el año anterior. Se produce suficiente cantidad de alimentos en el mundo. Sin embargo, no llega a quienes lo necesitan. La gente se alimenta con menos de la mitad de la producción mundial de grano ya que la mayor parte se está utilizando para fabricar agrocumbustibles ypara consumo animal, el cual cada vez es mayor. Además hasta hace no mucho cerca del 60 % se tiraba para que no se abaratase demasiado al haber demasiados excedentes (viva la revolución verde). El segundo punto también está contribuyendo mucho al aumento de precio de los cereales. El aumento del nivel de vida de países como China, La India y Brasil ha modificado los hábitos alimentarios y se consume cada vez más carne. Para satisfascer este aumento de la demanda hay que criar más ganado, el cual consume una parte importante de las cosechas de cereales y sobre todo soja. Las nuevas clases medias comen más veces a la semana carne de pollo y de cerdo, y estos animales se nutren a base de soja y maíz. Como la población mundial va a seguir creciendo y el poder adquisitivo de muchas personas va a continuar elevándose, se convertirá un cambio radical.

FERTILIZANTES Y PETRÓLEO:
Podría decirse que el sistema alimentario industrial sufre de una drogodependencia de fertilizantes de petróleo y fertilizantes químicos. Necesita más y más fertilizantes para mantenerse vivo, erosionando suelos con el costo de destruir su potencial de sustentar cultivos alimenticios y contaminando los acuíferos. Los "camellos" de estas sustancias, las multinacionales del sector, están amasando grandes benefecios ya que la entrada de la agricultura industrial en países como China o India ha abierto grandes posibilidades de negocio. La dependencia hacia sus productos y patentes de semillas que están imponiendo a los campesinos está generando grandes injusticias. Y como es el caso de La India está llevando a muchos de ellos al suicidio para no hipotecar a su familia.
El petróleo es una droga cada vez más escasa y más cara, cuya subida meteórica en los últimos meses también ha contribuido a subir el precio de los alimentos. Las granjas industriales son totalmente dependientes de la maquinaria alimentada por petróleo y la fuerte carga de transporte que sufren los alimentos para llegar desde los centros de producción hasta los supermercados suman un buen porcentaje en la subida de precios (los famosos intermediarios y sus beneficios).
 
¿DÓNDE ESTÁN LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES?
Nos encontramos en medio de un colapso estructural, consecuencia directa de tres décadas de destrucción de las comunidades agrícolas locales a manos de multinacionales de la alimentación como Monsanto. Los pequeños productores, que son la base del sistema de alimentación mundial, están borrados del mapa lo que impide a las comunidades alimentarse a sí mismas tal y como siempre habían hecho.
El sustento de millones de personas está en mano de especuladores, brokers del mercado de materias primas cuyo objetivo es obtener beneficio sin preocuparse de las consecuencias de sus decisiones. Ahora que la burbuja ha llegado a su punto máximo y unos pocos se han enriquecido con el hambre de millones de personas, la posibilidad de invertir en contratos futuros de alimentos ya está disponible para pequeños inversores. La moda ahora es invertir en maíz. El maíz que mcuhas personas necesitan para vivir un día más y sencillamente no pueden pagar.
 
Autor: Alberto Fraile Oliver
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