Soja tour: yo me bajo, ¿y tú?

El modelo agroalimentario global deja un rastro a su paso. Si por ejemplo seguimos el rastro de la soja nos topamos con la fábrica de la pobreza en Paraguay. Pero no sólo deja rastro en el Sur, aquí el mundo rural ganadero agoniza en el pienso concentrado, y en las ciudades nuestras espectaculares dietas se bañan en colesterol. Sin embargo hay gente que ya está dejando otro rastro…

Imagen | Sojeros con sus "hombres" derriban una casa de una familia campesina y comienzan a prenderle fuego durante el tercer desalojo de Tecojojá que nos describe Rafaela. Junio 2005.

 

Vinieron de noche, nos metieron a mis nietos, a mi marido y a mí en el camión. Mis gallinas y el chanchito [cerdo] corrían… Mi hijo estaba nervioso y gritaba, le pegaron con la culata del fusil en el pecho. En el camión había muchas criaturas…Yo lloraba. De allí nos llevaron a Tercera Línea Tecojojá, allí hubo muchos golpes. Vi humo a lo lejos y le pregunté a mi marido si era nuestra casita, él me dijo que no, que eso era más lejos. Después nos llevaron a la fiscalía en Vaquería, y allí nos enteramos de que habían matado a tiros a Ángel y a Leoncio, todavía me acuerdo de cómo lloraba su mamá, era viejita ella…

Rafaela me cuenta los recuerdos del tercer desalojo de más de cincuenta familias en su comunidad campesina en el centro de Paraguay, el 24 de junio del 2005. En este desalojo 150 personas fueron arrestadas, 56 viviendas quemadas, se arrasaron varias hectáreas de cultivos y dos campesinos desarmados fueron asesinados a disparos por un sojero, Opperman.

Rafaela tiene alrededor de 60 años, es una campesina sin tierra o al menos sin papeles de propiedad, como alrededor de 400.000 campesinos en un país donde el 2% de la población posee alrededor del 75% de la tierra como herencia del pasado colonial y la dictadura reciente del general Strossner. Rafaela y su familia viven desde hace cinco años en una parcela de la comunidad de Tecojojá que ocuparon junto al Movimiento Agrario Popular (MAP), en unas tierras que estaban destinadas por la reforma agraria a familias campesinas sin tierra y que sin embargo habían sido vendidas ilegalmente a empresarios para la producción a gran escala de soja. Quien las vende son instituciones públicas o incluso campesinos que accedieron a ellas cuando la reforma agraria.

Llegan los empresarios brasileños con unos pocos millones de guaraníes bajo el brazo [un millón de guaraníes equivalen a 145 euros]. El campesino, que se encuentra abandonado por las administraciones y que nunca ha visto tanto dinero junto, vende su parcela y se va a la ciudad. Pero en la ciudad no hay trabajo y la plata de la venta se acaba en un año, y allí no es como en Tecojojá: allí sin plata no hay comida, ni leña, ni casa, ni agua.. Entonces viene la venta ambulante, la prostitución… y vemos como en los alrededores de Asunción se van juntando cada vez más campesinos en chabolas sin más futuro que mendigar o robar. Mientras, en las tierras que vendieron en Tecojojá han plantado soja, y fumigan con el veneno.Y en la parcela que otro vendió un poco más allá lo mismo, y otra familia que está en medio no puede más porque le ponen el dinero encima de la mesa, y se le muere la vaca por envenenamiento, y le fumigan la casa…y al final pues se va también. Y poco a poco la comunidad se deshace.

El relato es de Jorge Galeano, también de Tecojojá y uno de los dirigentes del MAP, quien nos habla de la fábrica de la pobreza: la relación entre la expansión de la soja y el crecimiento de los cinturones urbanos de marginalidad.

Choque de modelos en el arroyo

La soja entró en Paraguay y otros países de América del Sur como un elefante en una cacharrería, sólo que en vez de cacharros lo que rompe son personas, familias, comunidades, formas de vida y ecosistemas. La ganadería intensiva es el principal motor del acelerado crecimiento de la demanda mundial de soja. En seis años el cultivo de soja en Paraguay ha crecido un 83,7%, y hoy ocupa la mitad de la superficie agrícola.

El gobierno y las autoridades locales promueven esta expansión porque ven en la soja un producto de exportación estrella que salvará el estancado PIB paraguayo, convirtiendo así a este olvidado país latinoamericano en un enclave sojero. En esa expansión, las comunidades campesinas, en un país con casi un 50% de población rural, se presentan como un "obstáculo al progreso", lo que se traduce en un imaginario de "vagos y haraganes que impiden el desarrollo".

Sin embargo algunos datos y realidades como Tecojojá cuestionan el tipo de desarrollo que viene asociado en muchos casos al modelo agroexportador: los cinco departamentos donde se ha dado una mayor expansión de soja son los departamentos con mayor índice de pobreza, expulsión poblacional y mayor concentración del ingreso. En Tecojojá el MAP se dio cuenta de esta situación y se dedica a denunciar las ventas ilegales de tierra pública de reforma agraria a grandes y medianos productores de soja, normalmente brasileños. En paralelo, y dado el lento y tramposo discurrir de la justicia paraguaya, familias campesinas de la organización, como la de Rafaela, ocupan las tierras "mal habidas". Hasta ahora la justicia les ha dado la razón, pero el poderoso aparato judicial y mediático del modelo de la soja ha conseguido retrasar una sentencia firme a base de apelaciones.

Entre tanto, tres desalojos ilegales de familias en parcelas ocupadas,como el que narraba Rafaela, han sido llevados a cabo por fuerzas parapoliciales,sojeros con sus hombres armados y fiscales corruptos que pretenden dar apariencia de legalidad al proceso.

Tecojojá consiste en tres caminos paralelos de tierra a lo largo de los que se suceden, cada 150 metros, los lotes familiares: una casa delante y el cultivo para autoconsumo detrás. Si cruzamos el pequeño arroyo que hay a un extremo de los caminos, el cambio es radical: kilómetros y kilómetros de soja, en lo que se ha dado en llamar el desierto verde. Entre línea y línea de soja no hay nada, ni un hierbajo; de eso se encarga el glifosato,el mejor y único amigo de la soja transgénica de Monsanto. Este desierto alimenta dos silos de grano (uno del cacique local, Arcadio, y otro de la multinacional Cargill) desde los que miles de toneladas de soja comenzarán su viaje global. En esos veinte metros a ambos lados del arroyo se materializa de manera casi insultante el choque de modelos: a un lado el de la agroexportación y el mercado global, al otro el de la agricultura campesina y la soberanía alimentaria. El primero quiere hacerse con las tierras y aguas del segundo.

Para conseguir aguantar el envite a largo plazo, el MAP plantea la gestión y propiedad de la tierra de manera comunal, trabajar mucho la formación y concienciación y favorecer modelos de producción agroecológicos que prioricen el autoconsumo y garanticen una dieta balanceada sin necesidad de importar semillas, químicos, maquinarias, etc. Lo que no sea para autoconsumo se tratará de comercializar en mercados locales de manera conjunta.

El acceso a los mercados locales para los campesinos es una pieza clave que se va dificultando con la llegada de la agricultura industrial y las empresas de distribución. Mi viaje continúa hacia Ciudad del Este, en el extremo oriental de Paraguay, a unos cientos de kilómetros de Tecojojá. Allí visitamos un mercado campesino recuperado por distintas organizaciones conscientes de la importancia de la comercialización local ante el avance del modelo agroexportador.

Este mercado trata de acercar a consumidores urbanos, escépticos de la cultura del supermercado ya asentada en Paraguay, productos sanos, baratos y variados de diferentes comunidades campesinas del departamento. Allí, José y sus compañeros de la Central de Productores de Alto Paraná nos cuentan cómo encuentran una salida ventajosa a sus productos (zanahorias, diferentes tipos de poroto [judías], 4 queso…) que les permitirá comprar aceite, sal, útiles de escuela, jabón, alguna bombilla…

Josep, alí y jorge: tres historias, una misma trama

Tras mi visita a Paraguay será Jorge Galeano, el dirigente del MAP, el que visite Cataluña para participar en el Tribunal Popular del Monocultivo de la Soja. Y es que España es el cuarto importador mundial de soja: 5’5 millones de toneladas en 2004, que dedica en un 92% a elaborar piensos para alimentación animal, especialmente de cerdos.

Vamos hasta la Plana de Vic (Barcelona), que partiendo de su tradición ganadera se ha convertido en un enclave de engorde de cerdos para el mercado global. Allí visitamos la explotación de Josep. Él y su hijo han invertido mucho en modernizar la explotación (400 cerdos de engorde y 80 vacas de leche) para poder subsistir. Quedan pocas explotaciones familiares tan "pequeñas".

Josep cuenta que muchos vecinos han ido cerrando: "de los cincuenta de antes quedamos tres con vacas", y saben que si no crecen y se modernizan no hay nada que hacer. Josep con tono escéptico no sabe si alegrarse de que su hijo quiera continuar con la granja. Jorge y yo nos sorprendemos al ver cómo el pienso industrial (con alto contenido de soja) que sale de los depósitos es transportado por un tubo hasta los comederos. "Apretando un botón das de comer a todos los cerdos que quieras," cuenta Josep.

Ha pedido otro crédito para construir la balsa de purines que la Generalitat le obliga a tener. La gran concentración de animales en las granjas industriales de la Plana de Vic ha hecho que el nivel de contaminación de tierras y aguas sea muy alto.

Al día siguiente visitamos La Gleva, una cooperativa de consumo agroecológico en el barrio de Gràcia de Barcelona, para participa en una charla. Después de que Jorge explique la situación que el modelo de la soja ha creado en Paraguay toma la palabra Alí, de la comunidad afrocolombiana de Cacarica. Alí nos cuenta cómo su pueblo ha sido desplazado y reprimido por los paramilitares durante tres años, a raíz de la llegada de los cultivos de palma africana para exportación.

Resulta casi obsceno constatar los paralelismos entre la historia de Alí y la de Jorge. Dos historias de agroexportación y mercado global íntimamente ligadas a nuestra dieta rica en colesterol y sus consecuentes infartos: por un lado aceite de palma poseedor de colesterol malo y materia prima de la bollería y frituras industriales, y por otro carne y embutidos ricos en grasas saturadas. Una cadena desde la semilla hasta el consumo que no se puede decir que promueva la vida.

Más allá de víctimas y culpables: actores por la transformación

Ahora son Jorge y Alí los que quieren conocer qué es eso de la cooperativa de consumo. Àlex explica:

Nosotros nos hemos organizado para acceder a alimentos sanos y sabrosos bajo unos criterios sociales y ecológicos que hemos acordado. Buscamos productos locales, de producción agroecológica, explotaciones familiares… tratando de establecer relaciones directas con losagricultores.

El día a día de la cooperativa se encuentra bastante alejado de la cadena de la soja o el aceite de palma. Su forma de consumo favorece los productos frescos vegetales de producción local y un consumo reducido de carne, lácteos y fritura industrial. El proveedor de lácteos (Mas Claperol) produce su propio forraje y no utiliza pienso industrial con soja, y las vacas de la proveedora de carne (Assumpta Codinachs) pastan y hacen transhumancia en la comarca pirenaica del Pallars. Además, el local de la cooperativa es más que un almacén de alimentos. Es un ateneo dinamizado por la cooperativa donde se realizan charlas como la de hoy, pases de vídeo, fiestas, conciertos… Han organizado un mercado de intercambio trimestral en la calle con bastante éxito, participan en actos reivindicativos…

Jorge reflexiona en voz alta:

Porque además lo que me atrae de esta iniciativa de ustedes es que va más allá del consumo. Se trata de construir otra sociedad

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6 respuestas a Soja tour: yo me bajo, ¿y tú?

  1. Uturunka dijo:

    Hola, Helena, he leído tu post anterior y este y te aseguro que me atraganto de la indignación que me causan estas cosas, sobre todo los tejemanejes que se traen actualmente con los biocombustibles. Habrá que volver a la huerta en casa y al trueque.
    Excelentes las dos entradas!
    Un gran abrazo.

  2. Helena dijo:

    A mí todas estas cosas me indignan y por ello me encanta tratar en las conversaciones sobre ellas, considero que hay demasiadas personas que ignoran este tipo de información, pues se evita difundirla por la televisión y cualquier medio de comunicación, más que nada por que estos mismos están pagados o subvencionados por estas mismas empresas. Igualmente no me cansaré de decir que no hemos perdido todo el poder, como ciudadanos/consumidores tenemos mucho en nuestra manos, podemos elegir, nuestro poder de decisión es algo que jamás nos podrán robar. Parece que no, pero por insignificantes que nos podamos sentir frente unas corporaciones tan grandes y órganos que mueven los hilos o por ser uno entre más de 6000 millones, si vemos esto como en la caverna de Platón, es cortar esas cadenas, esos hilos.
    Yo como casi todo del mercado y de una cooperativa, el café que tomo es de comercio justo y ecológico, a poder ser de Chiapas para apoyar a la revuelta zapatista. Procuro no consumir nada de Nestlé, de Coca-cola, de Pepsi; prefiero no beber agua  antes de que sea de esas marcas. La única carne que como es de caza y los huevos de gallinas camperas. Cualquiera me dirá que eso es caro, que no todo el mundo puede permitírselo, yo opino que es una inversión en tu propia salud y sobre todo la del planeta. Basta pensar que aquello con lo que fumigan muchos cultivos es lo mismo que se empleaba en las guerras químicas del pasado siglo, peor aún, son las mismas empresas que se percataron de la magnífica idea que era aprovechar esas sustancias con otros fines, haciendo a los agricultores drogodependientes para esquilmar la biodiversidad en los monocultivos. También se ha de tener en cuenta que esa comida es barata porque está subvencionada por la Unión Europea, ganando siempre más los grandes propietarios (ejemplos son la duquesa de Alba y la Reina de Inglaterra, ejem), mientras que aquellos agricultores que se han dado cuenta de que los agroquímicos son un engaño se encuentran con la barrera de primero necesitar desintoxicar sus campos y mucho papeleo administrativo para conseguir lso certificados… tienen un apoyo muy exiguo. Eso sí, cada vez tienen mayor fuerza, la gente empieza a preocuparse y valorar aquello de lo que se alimenta. Puede parecer que esto de la agricultura ecológica sea otra moda verde, pero yo prefiero pensar que es un cambio profundo de conciencia, poco a poco se está exigiendo no sacrificar el futuro en aras de un progreso ciego; y todo ello se puede lograr. Nosotros alimentamos a esas corporaciones al consumir sus productos, nosotros podemos hundirlas. No son los gobiernos quiénes han de decidir por nosotros, ellos están vendidos sin remedio, somos los ciudadanos quiénes a diario manifestando nuestra opinión podemos dar lugar a grandes cambios.
    Te recomiendo el libro Otra manera de vivir de Jane Goodall, te habla de como funciona desde hace unas décadas la agricultura, los cambios que se están dando y te expone varios ejemplos de como personas de a pie haciendo oir su Voz han acabado con esa inmovilidad del sistema que nos hacen creer inexpugnable; sea en su entorno, sea internacionalmente. Para mí ha sido todo un halo de esperanza, reforzando mis convicción de que otro mundo es posible y necesario.
    Salud!

  3. josé miguel dijo:

    Creo que la agricultura ecológica es un indicio de cambio de conciencia y no una moda. Lo único que me temo es que al final el consumo de marcas ecolígicas se derive en una distinción de clases debido al precio elevado de los productos verdes.

  4. Helena dijo:

    Es el problema de que intervengan de nuevo las marcas y los intermediarios, que aprovechan cualquier oportunidad para lucrarse. La opción que hay y que cada vez se extiende más por las ciudades y pueblos son las cooperativas, compras directamente al agricultor y así el precio de venta es similar al de un supermercado, consigues encima alimentos frescos, sanos y locales. Si no es cierto que llegan a ser precios prohibitivos, sobre tedo en las tiendas grandes de comida ecológica, aunque puedo asegurar que hacen que valores mucho más lo que compras y hacer lo posible por no tirarlo, jejeje. Salud!

  5. beatriz dijo:

    No se si seria posible que puediera existir una agricultura ecologica capaz de mantener el nivel de población del planeta…pero es francamente indignante la ocultación de tanta información con respecto a los alimentos, deberíamos poder elegir si queremos un yogurt con Soja bajo esas características…pero es lo que dices en  los telediarios solo nos dan noticias que bien no podemos hacer nada (guerras lejanas) o que no tienen importancia real (como los juegos olimpicos…que ya empiezan a parecerse a Eurovision, dando la mitad de las medallas o puntos por alianzas políticas más que méritos).
    Es increible que en el siglo XXI existan casos como los que cuentas de Rafaela, que recuerda tanto a las historias de los escalvos…parece que tantos siglos después solo hallamos contaminado más el planeta en lugar de haber hecho algo por él y haber abanzado en las mejoras sociales

  6. Helena dijo:

    Tengo entendido que sí que abastecería a la población actual del mundo, siempre que no supere unos límites. Nos han querido vender que con el sistema agrícola actual que nació con al revolución verde, se pretendía dar de comer a una población humana necesistada de alimentos y a poder ser a precios bajos, pero eso no es más que una gran falacia inventada por las empresas agropecuarias y difundida a través de los medios y los gobiernos. Primeramente se producen tales cantidades que la mayor parte se tira a alta mar o se pudre en los almacenes. Se contaminan las aguas subterráneas y el suelo, perdiendose además su fertilidad y colaborando con esas enormes maquinarias en su erosión, desencadenado esto en la pérdida de grandes extensiones de tierra de cultivo. Además se realiza lo conocido como dumping o competencia desleal, vinculada al libre comercio, esto es, facilitar el comercio de exportación en los países empobrecidos a países del Norte (té, café, soja…) y la importación de productos de la U.E., EE.UU, Canadá y otros, compitiendo en el mercado con lo que allí mismo se produce. ¿Qué ocurre? Los agricultores de allí apenas venden en su propio país de tan bajos que son los precios de lo importado, debido básicamente a que son excedentes agrícolas.
    La agricultura convencional erosiona el suelo, contamina y agota el agua (y no hablemos de la ganadería, esto es un tema a parte, uno se arrepiente de haber comido algo de cerdo en su vida) y está claro que da de comer de un modo muy selectivo. No creo que sea la solución, confió más en volver a al agricultura ancestral bien gestionada en manos de muchos, que favorece la diversidad biológica y cultural o como dijo nuestra amiga Train, píldoras nutritivas y así dejamos a la Tierra en paz. Salud!

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