Sobre razas y racismo.

¿Naturaleza o cultura?

 

Autores: Noel Méndez, Rosa Frasquet y Fèlix Balanzó.

 

El racismo se define como “el proceso ideológico mediante el cual un orden social desigual es presentado como natural”, lo cual ha causado y a la vez legitimado la explotación de los esclavos negros en América (los blancos no tenían que sentirse mal, porque a los negros se les consideraba entre simios y hombres o ni eso, aunque al diferencia sólo radique en la pigmentación). Para completar esto aconsejo la lectura del libro África y la historia, de Luis Cesar Bou, que está por Internet, en al página de rebelión.org y que yo me leí en cuestión de dos horas. O ha servido como excusa a personajes de la talla de Hitler para intentar exterminar al pueblo judío mientras conquistaba el mundo. Nótese que, a la hora de destacar rasgos genéticos que conferían cualidades a los judíos, la supuesta base natural o genotípica desaparece ya descardamente para pasar a segregar a la población por “una manera de ser”.

La noción de raza como conjunto de personas que comparten rasgos biológicos se empezó a utilizar para excluir y segregar socialmente a una población específica en el s. XIII, en la doctrina católica de la pureza de sangre, que tenía como objetivo impedir la mezcla de musulmanes y judíos con cristianos en la Península ibérica. Otra versión es que fueron los judíos los que empezaron a utilizar dicho término por primera vez… Con esta doctrina también tiene lugar la separación entre la cultura humana y la naturaleza, sufriéndose las correspondientes consecuencias. Esta dicotomía, que se ha empleado para relacionar a las mujeres y a las razas inferiores con la naturaleza para justificar su dominación, se vuelve confusa al relacionar la sangre –elemento biológico- con la transmisión de fe religiosa y más tarde de condición social. Aquí vale la pena un inciso, fue la biología de hace dos siglos la responsable de tal hecho, puesto que los científicos avalaban tal discriminación por un bien común social de la dominación de los fuertes. Por mucho que se quiera negar el vínculo entre la ciencia emergente y el protestantismo victoriano tienen una raíz común y profunda. Sabiéndolo podemos empezar a hacer algo por cambiarlo. Tal hecho se expresa de diversas maneras que ahora paso de detallar.

 

Esta discriminación, que tenía a la Iglesia como precursora, con el claro objetivo de universalizar la fe cristiana, se fue intensificando y la raza constituyó un elemento configurador de la clase social hasta desembocar en el racismo científico, que pretendió explicar como las diferencias culturales tienen su raíz en características biológicas. La explicación en términos biológicos de diferencias culturales prosiguió con teorizaciones que confundían desigualdades sociopolíticas con diferencias raciales –el llamado Darwinismo social del siglo XIX-. Aquí vale la pena otro inciso, y es que ese nombre no es el más apropiado, dado que Darwin no fue el precursor, él se limito a extender y justificar la ideología. Dentro de sus amistades estaba Herbert Spencer, el verdadero autor de las palabras que tanto se le atribuyen a Carlitos, digo Darwin. Y si nos remontamos un poco más tampoco él ideo la evolución, pero eso ya es descentrarme demasiado del tema. Tampoco hay que quitarle el mérito de divulgador.

Pero, definitivamente el concepto de raza ha dejado de ser útil para la ciencia. Biólogos, sociólogos y antropólogos han desacreditado la tesis que relaciona inteligencia y genética: el concepto de raza no es una realidad biológica y debe ser desterrado.

 

Llegados a este punto, podemos afirmar que el concepto de raza es una construcción sociocultural, y al igual que sucede con el género, se ha usado históricamente para justificar sistemas de dominación, presentando las desigualdades como naturales para evitar que cambien las estructuras de poder establecidas que se beneficien de estas desigualdades. El elemento común de las doctrinas basadas en la discriminación tienen en común la naturalización de desigualdades y formas de dominación cuyos orígenes son socioeconómicos. Presentándose el orden social como si se tratara de un orden natural, donde el sistema político aparenta neutralidad y esconde la terrible carga ideológica que supone la explotación de unos grupos sociales por encima de otros a partir de unas diferencias predefinidas.

 

Así los sistemas de injusticia social como efecto directo o colateral –como el capitalista- son políticamente sustentados como una dinámica inherente a la sociedad. De manera que los procesos de polarización socioeconómica (los ricos cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres) se justifican dentro de un clima de igualdad liberal culpando a los ciudadanos “menos aptos” de su fracaso dentro de la sociedad. La trampa del estado liberal consiste en hacer creer a los individuos que compiten socialmente en igualdad de oportunidades, y que si no progresan es debido a que “es incapaz de aprovechar las oportunidades de superación social que la sociedad parece ofrecerle”.

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Una respuesta a Sobre razas y racismo.

  1. Schtroumpf Grognon dijo:

    Es decir, que quien está en el paro es porque es un vago. O un torpe. No, si ya me sé el cuento.Por cierto, el sistema de castas del hinduismo está basado en una diferencia racial, en la que pueblos guerreros venidos de occidente se impusieron a la población local allá por el s.VII a.C. Aunque el sistema de castas fue abolido legalmente hace medio siglo, sigue aún en vigor especialmente en el mundo rural.

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