La deuda histórica ¿Quién debe a quién?

Podría decirse que es la continuación de: La deuda ecológica, ¿Quién debe a quién?

Dokushô Villalba, maestro zen

Consta
en el Archivo de Indias que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron
a Sanlúcar de Barrameda 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de
plata provenientes de América. Como afirmó el escritor venezolano
Arturo Uslar Pietri, (Premio Príncipe Asturias de las Letras en 1990)
“el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben
a la inundación de metales preciosos que llegó de América a partir del
siglo XV”.

Adam Smith escribió que el
descubrimiento de América “elevó el sistema mercantil a un grado de
esplendor y de gloria que de otro modo no hubiera alcanzado jamás”.

Según el historiador argentino Sergio Bagú, el más formidable motor de
acumulación del capital mercantil europeo fue la esclavitud americana.
"El régimen económico luso-hispano del período colonial no es
feudalismo. Es capitalismo colonial […] Lejos de revivir el ciclo
feudal, América ingresó con sorprendente celeridad dentro del ciclo del
capitalismo comercial […] Más aún: América contribuyó a dar a ese
ciclo un vigor colosal, haciendo posible la iniciación del período del
capitalismo industrial, siglos más tarde" (1).

Para el autor polaco Ryszard Kapuscinski (Premio Príncipe de Asturias
de Comunicación y Humanidades, 2003): “El comercio de esclavos dura
cuatrocientos años. Comienza en el siglo XV y termina… oficialmente en
la segunda mitad del siglo XIX, aunque en algunas ocasiones dura más:
por ejemplo, hasta 1936 en Nigeria del Norte […] Entre 15 y 30 millones
de personas fueron secuestradas y transportadas más allá del Atlántico
en condiciones terribles. Se estima que durante un viaje así (de dos o
tres meses de duración) moría de hambre, asfixia y sed casi la mitad de
los esclavos; hubo casos en que murieron todos. Los supervivientes
trabajaban más tarde en las plantaciones de caña de azúcar y de algodón
en el Brasil, en el Caribe y en los Estados Unidos, construyendo la
riqueza de aquel hemisferio. Los traficantes de esclavos
(principalmente portugueses, holandeses, ingleses, franceses,
norteamericanos, árabes y sus socios africanos) desplomaron el
continente y lo condenaron a una existencia vegetativa y apática:
incluso en nuestros tiempos, grandes superficies de aquella tierra
siguen despobladas y se han convertido en desiertos. Hasta hoy día
África no se ha desprendido de esta pesadilla, no ha levantado cabeza
tras semejante desgracia” (2).

Eduardo Galeano (3) escribe: “[…] pero los portugueses no tenían naves
ni artículos industriales que ofrecer en la época del auge de la trata
de negros, y se convirtieron en meros intermediarios entre los
capitanes negreros de otras potencias y los reyezuelos africanos.
Inglaterra fue, hasta que ya no le resultó conveniente, la gran
campeona de la compra y venta de carne humana. Los holandeses tenían,
sin embargo, más larga tradición en el negocio, porque Carlos V les
había regalado el monopolio del transporte de negros a América, tiempo
antes de que Inglaterra obtuviera el derecho de introducir esclavos en
las colonias ajenas. Y en cuanto a Francia, Luís XIV, el Rey Sol,
compartía con el rey de España la mitad de las ganancias de la Compañía
de Guinea, formada en 1701 para el tráfico de esclavos hacia América, y
su ministro Colbert, artífice de la industrialización francesa, tenía
motivos para afirmar que la trata de negros era “recomendable para el
progreso de la marina mercante nacional” (4).

Hoy, en el siglo XXI, cada día mueren de hambre 50.000 personas (35.000
de ellas niños menores de cinco años, según estimaciones de la FAO),
procedentes del llamado Tercer Mundo, principalmente África y América
del Sur. Imagínate que un lunes mueren 50.000 personas en Valencia; al
día siguiente, martes, 50.000 personas en Madrid; al día siguiente,
miércoles, 50.000 personas en Barcelona; al día siguiente, jueves,
50.000 personas en Bilbao; al día siguiente, viernes, 50.000 personas
en Sevilla; al día siguiente, sábado, 50.000 personas en A Coruña; al
día siguiente, domingo, 50.000 personas en Oviedo; al día siguiente,
lunes, 50.000 personas en Alicante; al día siguiente, martes, 50.000
personas en Cáceres… y así día tras día…

¿Qué haríamos si así fuera? ¿Qué harían nuestros políticos? ¿Qué harían
los bancos? La esclavitud continúa existiendo en nuestros días. El
Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización
Mundial del Comer- cio, el sistema financiero internacional y la mayor
parte de los Estados ricos son los nuevos agentes que perpetúan una
situación que condena a la pobreza al 80 % de la población mundial,
mientras el 20 % restante se beneficia de una injusticia que desgarra
la conciencia del ser humano.

La mayor parte de la población mundial vive con menos de un euro al
día. Sin embargo, los ganaderos europeos y norteamericanos reciben
cuatro euros al día como subvención del Estado por cada vaca. Es más
fácil ser una vaca en un país rico que un ser humano en un país pobre.

En esta situación, la mayor parte de los países pobres viven además
asfixiados por la espada de Damocles de la llamada deuda externa: lo
que los países pobres deben a los países ricos. Las instituciones
internacionales, dominadas por los países ricos, encargadas de regular
esta deuda, obligan a los países deudores a severos ajustes
estructurales que tienen como consecuencia el abandono de la asistencia
social a los menos favorecidos, con lo cual, el hambre y las
enfermedades no hacen más que aumentar. En general, los préstamos de
los países ricos no favorecen a la población más necesitada, sino sobre
todo a la clase media-alta que anhela integrarse en el mecanismo
infernal del consumo. Muchas otras veces, el dinero prestado es
utilizado para la compra de armas o de tecnología… a los mismos países
prestamistas.

¿Quién debe a quién? ¿Quién debe pagar a quién? La deuda que Europa y
Estados Unidos ha contraído históricamente con África y la América
pobre (incluida la población negra e hispana de USA) es enorme. Si
Europa y USA tuvieran que devolver todo lo que han robado en ambos
continentes, y a ello se le añadiera los intereses acumulados durante
siglos, no habría dinero suficiente en el mundo para hacerlo. Si
tuvieran además que indemnizar a los ciudadanos por el daño causado a
sus sociedades, por la destrucción de sus sistemas familiares, por el
dolor, por los secuestros y por la rapiña de sus recursos naturales…
los Estados ricos modernos tardarían siglos en recompensar la
destrucción causada.

Están las deudas que se firman en las grandes instituciones, en los
despachos acristalados de las últimas plantas del imperio, en presencia
de abogados, notarios, funcionarios, etc., y está la deuda kármica, la
deuda real que tiene lugar en el fluir mismo de la vida. Según el
budismo, karma es la ley de causa y efecto. Todo efecto ha tenido su
causa y toda causa tiene su efecto. Hay acción y reacción. Y aunque
esta ley no sea tenida en cuenta en las grandes leyes internacionales
-creadas por los países ricos para proteger y perpetuar su situación de
dominación-, existe y actúa.

Europa y USA no podrán construir nunca una sociedad feliz basándose en
la injusticia y en la miseria moral, salvo al precio de aniquilar su
propia conciencia moral y con ello toda posibilidad de una existencia
verdaderamente humana. El 20 % de la humanidad no puede continuar
consumiendo el 80 % de los recursos del planeta, mientras millones de
seres humanos mueren cada año por no tener acceso al agua potable ni al
alimento necesario.

La deuda externa debe ser completamente cancelada y todos los Estados
ricos deben aprobar un Plan Mundial contra la pobreza que erradique
esta ignominia de la faz de la historia. Nunca hemos podido hacerlo
tanto como ahora. No es cuestión de solidaridad, ni de caridad. Es
simplemente cuestión de justicia.

Europa, los Estados Unidos de América y todos los países ricos deben
pagar lo que deben. Deben saldar su deuda kármica y moral.

Notas
1. “La economía de la sociedad colonial”, en Feudalismo, capitalismo, subdesarrollo, Madrid, Akal, 1977.
2. “Ébano”, en la colección Crónicas de Anagrama, Barcelona 2006 (decimocuarta edición). Pag. 92.
3. “Las venas abiertas de América Latina”, Siglo XXI de España Editores, Madrid 2000 (decimosexta edición). Pag. 124.
4. “El trabajo en América, antes y después de Colón”, de L. Capitán y Henri Lorin. Buenos Aires, 1948.

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3 respuestas a La deuda histórica ¿Quién debe a quién?

  1. beatriz dijo:

    Cierto, y no solo tenemos una deuda humana y moral, es una deuda con el planeta, con los ecosistemas, con los recursos, con las personas…pero parece como si fuera más facil hacer las cosas mal y luego poner parche, que hacerlas bien desde el principio y tambien acusar a los otros mientras se mira para otro lado…franceses ya alemanes dicen que los españoles somos los mas racitas de toda Europa (y no es que estemos para darnos un premio en tolerancia) pero segun ellos solo nosotros traficamos con esclavos…¿y que me dicen de eso de pedirle a los paises subdesarrollados que cumplan un protocolo de ecología que America no se digna a firmar?. Hay veces que la realidad da risa (y es que te ries por no llorar)

  2. Schtroumpf Grognon dijo:

    Joas joas joas¿Qué se puede esperar de alguien que se hace llamar Dokushô Villalba? Yo tengo el nombre más vulgar en idioma castellano, y no necesito cambiármelo para saberme diferente. Mejor sería que este maestro estudiara, en vez de dedicarse a transformaciones nominales que no afectan en nada al producto: sigue diciendo superficialidades.El artículo es interesante por sus citas, desde luego. El diagnóstico del problema es evidente: la gran mayoría de la población mundial las está pasando muy putas. Ya, esto es obvio. ¿Solución que da el maestro zen "Dokushô Villalba"?"La deuda externa debe ser completamente cancelada"Juas! Pues a EEUU esto le vendría de pelotas, porque es, de lejos, el país con mayor deuda externa. ¿A qué país le condonamos la deuda y a cual no? ¿La pública o la privada? ¡Ah carallo, la cosa tiene su intríngulis! Porque de esa forma, también cerraríamos el grifo a la inversión y a la financiación de proyectos que sí pueden contribuir al desarrollo de esa sociedad, por miedo a que luego esa deuda sea condonada.E incluso aunque pasásemos todo esto por alto ¿Quién ordena cancelar la deuda? Porque, por ejemplo, el Estado español podría renunciar al cobro de los empréstitos concedidos al Estado nigeriano (mucho de lo que se nos vende como ayuda al desarrollo son préstamos, es decir, negocio para la metrópoli). Podría, pero lo que no podría es exigir al BBVA que considere saldadas las deudas del Estado nigeriano o de nigerianos particulares. No puede decirle a una empresa española que se resigne a no cobrar sus préstamos con empresas nigerianas. Vamos, que el maestro zen da óptimos consejos, pero ¿quién y cómo le pone el cascabel al gato? Él ya ha quedado de puta madre, luego que lo resuelvan otros.Lo del karma como generalización de la Tercera Ley de Newton no me interesa lo más mínimo. "Todo efecto ha tenido su causa y toda causa tiene su efecto". Charlatanería de quien habla por no saber estarse callado. En castellano viejo a esta sarta de chorradas se le llamaban las verdades de Pero Grullo. Ahora se le llama karma y budismo. Pos fale, queda más cool."todos los Estados ricos deben aprobar un Plan Mundial contra la pobreza…blablabla"Sí, le vas a pedir a un rico que deje de explotar al pobre, que renuncie a su riqueza para que el pobre pueda vivir mejor. ¡Juas! La ingenuidad de este tipo me resulta cómplice: desvía la atención.Hay que poner en tela de juicio el capitalismo, la mismísima propiedad privada de los medios de producción, la legitimidad de la acumulación de capital. Sin ello, siempre habrá explotación humana, de quien detenta el capital sobre los que nada poseen. Socialismo, no budismo.Y dudo de qué lado estaría este tal Dokushô Villalba si una revolución viniera a rascarle su bolsillo.La solución no vendrá de los ricos, que se avengan a darles migajas a los pobres, sino de los pobres, cuando se organicen y exijan su cacho de tarta (matando a un buen montón de ricos para dejar claro que van en serio).Los atentados terroristas no son más que parte incipiente de este movimiento, encauzados por la religión de la guerra: el islam.No será el sacerdote de otra religión el que nos saque de este atolladero…Coda, casi estribillo: Hay que leer libros de economía como si fueran manuales de supervivencia.

  3. °·¤· ŁīД ·¤·“· © ·“° dijo:

    Siii… quisiiera ver el diia en kee todos los kee saquearon América, sus riquezas, su gente, su cultura… devuelvan lo robado con intereses más lo kee debe pagarse por daños y perjuiciios, sólo por nombrar América… kee sabiido es la riqueza kee tuvo en tiiempos pasados… Lamentablemente d Africa no se tiiene conociimiento d lo kee tuvo… seguramente pq fue la priimera en ser saqueada, de toda la viida… y como diicen la historiia la escriiben los vencedores… no les conviiene en el caso d Afriica demostrar el saqueo, pq ante la "vista" de los zombiies de esta tiierra ellos son los "señores".La era industriial kee trajo de beneficiio??… kee yo pueda estar aquii con mi pc escriibiendo, sii… eso es importante?? lo importante es kee noo deberiiamos estar en la condiciión kee estamos hoy diia, como espectadores de una funciión donde nos conviiene hacer el papel de zombiies… Graciias Helena por tan buen aporte a la concienciia de este lugar donde siiempre hace falta parar, observar, y retomar el camino. Miil besos!!!

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